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Polémica en Tandil: “Nos echaron de Río Paraná porque nos negamos a salir en un colectivo sin frenos”

30.11.2017 Leída: 1747 veces

Horacio Pechia se quiebra de a ratos. Todavía no puede creer que hace una semana fue despedido de la empresa en la que trabajó durante 33 años. Asegura que el reporte de la unidad en la que lo obligaban a viajar a Capital Federal junto a su compañero, también despedido, Adrián Emer, tenía múltiples irregularidades. La más riesgosa: deficiente funcionamiento del sistema de frenos. “Por priorizar nuestra seguridad y la de los pasajeros, nos despidieron ese mismo día”, contó.
El portal de noticias tandilense ABCHoy convocó a Horacio y a Adrián, para charlar de lo ocurrido, a partir de la trascendencia que el episodio adquirió en redes sociales; y teniendo en cuenta que Río Paraná es una empresa que se ha ganado en los últimos años, el dudoso privilegio de que se armen grupos exclusivos en facebook, donde los usuarios se turnan para reclamar innumerables deficiencias en el servicio y varias calamidades que ocurren durante los viajes.
Adrián no llega a tiempo a la cita, pero Horacio, de 54 años y, otra vez, 33 como chofer de Río Paraná, empieza a relatar: “el miércoles 22 llegó a tomar servicio al taller de la empresa, a las 12:30, para salir a las 13:15 a Capital Federal, con llegada a Retiro a las 19 y vuelta a Tandil a las 20 horas. Teníamos que usar el coche número 71, que había sido usado en el servicio que había llegado de Necochea. Cuando voy a la mesa de parte (que es el informe que tiene que hacer cada chofer después de cada viaje), veo que el coche tenía un montón de cosas para hacerle y no se había hecho nada”.
En ese punto, hay un entredicho entre los choferes y la empresa, que alegó que la unidad podía prestar servicio y desoyó el reclamo del trabajador de que le entregaran otro vehículo para viajar.
“El parte reflejaba muchas dificultades, problemas de frenos, levantaba temperatura, que caminaba torcido, que no entraban ni la primera, ni la segunda, ni la tercera, que vibraba mucho la caja, la dirección, etc. Ahí agarré y llamé al Gerente General de Río Paraná y le dije que en esas condiciones no salía, que me diera otro coche. Ahí no me dijo nada, pero justo llegó Adrián Emer, mi compañero y le expliqué lo que pasaba. Él se fue a la oficina del gerente y tuvieron una discusión. Después nos presionaron un par de veces para que saliéramos en ese coche, así como estaba y ante nuestra negativa, nos amenazaron con despedirnos”.
Héctor cuenta que mientras esto ocurría, la salida del servicio se demoraba y los directivos de la empresa mandaron el colectivo a la Terminal, manejado por un encargado de taller y pasaron el viaje a dos choferes que recién habían llegado en otro servicio desde Capital, los que sí desarrollaron el viaje, que por fortuna, no tuvo inconvenientes graves, aunque esos dos conductores no cumplieron con las horas de descanso reglamentarias.
En ese punto de la historia, se impone preguntar el motivo por el que más de un centenar de choferes que prestan servicios en Río Paraná, asumen ese nivel de riesgos en cada viaje, si el mantenimiento no es el adecuado. “Lo que pasa es que mucha gente vive de la empresa. Y hay miedo a perder el trabajo. Hay miedo a que les pase lo que me pasó a mí”.
Tal vez es por eso que no parece sorprenderlo que sus compañeros no se hayan solidarizado contundentemente con él y Adrián. “Alguno nos mandó un mensaje, pero no, en general no se solidarizaron”.
Respecto del rol del sindicato de la UTA Tandil, que es el que los representa en el rubro, Horacio no se entusiasma demasiado al hablar del tema. “Cuando estaba en medio de la discusión, me llamó Gustavo Morales (Delegado regional de UTA Tandil), pero no sé cómo se enteró de lo que estaba pasando. Cuando le dije que no salía en un coche que no estaba en condiciones, se cortó la charla telefónica”.
“A la tarde tuvimos una reunión, en la que los directivos de la empresa nos maltrataron, nos dijeron de todo y Morales no dijo nada, solo que se iba a llegar a un acuerdo y que si había que firmar íbamos a firmar. Apoyó más a la empresa que a nosotros. El tema es que nosotros, con Adrián, no suspendimos el servicio, porque no nos negábamos a trabajar. Lo que exigíamos era un coche que estuviera en condiciones”, remarcó Pechia.
“Esto ha pasado con otros compañeros que los han suspendido, o los han echado y yo nunca vi que el gremio hiciera nada. Yo hace más de 20 años que estoy afiliado y ahora que tengo este problema, me pregunto ¿Para qué? Para nada”.
Este veterano chofer recuerda que pocas semanas antes, el coche 54, que es uno de los que mejor mantenimiento tiene, “no me frenó en la bajada de Avenida Huergo. Por suerte el semáforo dio verde y los autos que estaban adelante se abrieron y pude doblar a la derecha. Pero fue un susto grande. Ese día hablé al taller y les dijimos que habían fallado los frenos. Y así salimos de Capital en el viaje de vuelta, sin frenos. Cuando llegamos al taller, hicimos el parte y declaramos las fallas y al otro día, querían que saliéramos en el mismo coche, al que no le habían hecho nada, no lo habían arreglado y dieron la orden de que saliéramos así. Me negué y me dieron otro coche, el 93, hasta General Belgrano. Ahí, nos alcanzaron el coche en el que me había negado a salir por el tema de los frenos, pero ahora arreglados”.
“No sé cuántos coches tiene hoy Río Paraná, porque tuvo que sacar muchos de circulación, pero los que están en buenas condiciones para circular, son muy poquitos”, asegura Horacio, ratificando las sospechas de muchos usuarios.
El trabajador afirma que “yo, como chofer, trato de hacer todo lo posible para que la gente viaje bien, pero el pasajero no sabe cuándo le cortas el boleto si el coche tiene frenos o no”.
Como defensa, Horacio y Adrián aseguran que los choferes que realizaron el viaje que ellos se negaron a iniciar, por un tema de seguridad, escribieron un parte, en su retorno a la ciudad, en el que se detallan las mismas fallas que dieron origen al entredicho con la patronal. “Capaz si yo salía, también hubiese vuelto, pero ir en esas condiciones, no me pareció correcto”.

“Este mismo coche 71, en un lavadero de Barracas, lo movieron un poquito, no les frenó y tiraron una pared”, afirma, como anécdota.
Respecto de los controles, Pechia aseguró que “Río Paraná no hace la VTV en Tandil, la hace en La Plata y yo he llevado varios coches. Te los miran por arriba y te los habilitan. Y otro mecanismo es la CNRT, pero ahí te controlan que tengas cinturones, que el coche esté bien y que tengamos el descanso, que tengamos las cubiertas en condiciones, pero no lo revisan mecánicamente, frenos dirección, esas cosas”.
“A mí no me interesa volver a la empresa, sino que lo cuento porque quiero que se sepa lo que está pasando. Por el bien de la gente, porque es mucha la gente la que viaja” y expone el chofer despedido que “somos los choferes los que ponemos el cuerpo, con las quejas del pasajero, con los problemas mecánicos y con los accidentes, como pasó hace unos meses en la Ruta 29, con el coche que volcó, más allá de que había una tormenta terrible”.
Conmocionado, triste, a pocos meses de que le llegara la jubilación, Horacio, que vivió por dentro los tiempos de esplendor de la mítica empresa de transportes, considera que “fui mal echado, tal vez fue un capricho del dueño, no sé, pero creo que hice lo correcto, por el bien mío, de mi compañero y de los pasajeros”.