Cuando el discurso del amor propio empieza a incomodar
En los últimos años, hablar del amor propio se volvió parte de la vida cotidiana. Todo el mundo habla de eso, en todo momento y en cualquier parte. Es un tema que está presente en redes, escrito en tazas, en agendas, en frases motivacionales. “Elegite”, “ponete primero”, “no mendigues amor”. Pero cuanto más se repite, más parece vaciarse de contenido.
Es importante tener en cuenta, que el verdadero amor propio no es una emoción, ni una sensación de seguridad constante. Es, más bien, una práctica que implica conflicto, contradicción y, muchas veces, incomodidad. Amarse no es sentirse bien con uno mismo todo el tiempo. Es sostenerte en días donde la autoestima tambalea, donde dudas, donde te sentís insuficiente. Ahí empieza algo más profundo que el cliché.
Porque el amor propio no se demuestra en los momentos fáciles, cuando todo sale bien, cuando te sentís deseable, exitoso o validado; sino en cómo te tratas cuando eso no está. El ejercicio que les propongo es empezar a pensar y pensarse, en estos términos; ¿Cómo me hablo cuando me equivoco? ¿Qué tolero en nombre del amor? ¿Desde dónde elijo vincularme: desde el deseo o desde la carencia?
Muchas veces confundimos amor propio con autosuficiencia emocional. Circulan frases como “No necesito a nadie”, “puedo solo/a”. Pero el amor propio no es aislamiento. No es cerrarse ni endurecerse. Es poder vincularse sin perderse. Es necesitar, pero no depender. Es desear al otro, sin que el otro sea quien defina tu valor.
Otra trampa frecuente es creer que el amor propio siempre se siente como seguridad. Y no. A veces se siente como poner un límite con miedo. Como decir “esto no” aunque te duela. Como irte de un lugar que te gusta, pero te lastima. No es una sensación de poder constante; es una decisión sostenida. Y acá aparece algo clave: el amor propio no siempre es lo que queremos hacer, sino lo que necesitamos hacer. No se trata de volverse perfecto, sino de volverse responsable de uno mismo.
Quizás el amor propio no tenga tanto que ver con “quererse mucho”, sino con tratarse con respeto incluso cuando no hay amor de sobra. Con sostenerse en el proceso, aunque no haya garantías.
Porque al final, el amor propio no es un estado al que se llega.
Es una relación que se construye.
Segmento “Mente Abierta”. Lic. Anahí Peetoom. MP. N°40268.