(audio) Con 21 años maneja un tambo robotizado y muestra a diario cómo es producir leche

18 mayo, 2026

(audio) Con 21 años maneja un tambo robotizado y muestra a diario cómo es producir leche

En el oeste bonaerense, sobre la ruta 188, una historia familiar sigue en marcha mientras se transforma. En el establecimiento donde funciona la fábrica de lácteos La Holanda, el tambo y la producción de carne conviven como parte de un mismo esquema productivo que fue creciendo con el tiempo. Hoy, ese proceso continúa con Tomás Bonfiglio, de 21 años, que ya forma parte del día a día del campo. En paralelo, hace pocos meses empezó a mostrar ese trabajo en redes sociales.

 

Hace apenas dos meses y medio sumó una nueva faceta: creador de contenido. La idea, cuenta, fue impulsada por su padre. “No hay nadie que cuente la verdad, vos tenés que hacerlo”, le dijo. Y así empezó a grabar su día a día.

Hoy publica un video por día, mostrando desde tareas cotidianas hasta reflexiones sobre la producción. El crecimiento fue rápido: ya suma unos 15.000 seguidores. Pero más allá de los números, lo que busca es generar conexión. “Es la realidad del productor argentino, pero nadie la dice”, sostiene.

Detrás de esa exposición hay una historia productiva de fondo. El legado empezó con su abuelo, continuó con su padre y su tío, y Tomás es parte de la tercera generación trabajando en el campo familiar. El traspaso se dio de manera progresiva, con roles bien definidos. “Ellos supieron delegar”, resume. En su caso, el manejo del tambo robotizado quedó bajo su responsabilidad, en parte por su vínculo con la tecnología.

En el tambo, producen leche, la procesan y también compran materia prima a terceros. Un esquema que, según reconoce, hoy es clave para sostenerse.

La ecuación del tambo no es sencilla. Con un promedio de 37,5 litros por vaca, la producción se ajusta en función de los costos. “Tuve que bajar la soja por el costo”, cuenta. En la planta, procesan unos 13.000 litros diarios, destinados principalmente a masa para mozzarella y crema.

Pero el problema de fondo no está en la producción, sino en los números. “Hoy está muy complicado. Los impuestos y los costos fijos te liquidan”, asegura. El litro de leche ronda los $490 en tranquera, mientras que en góndola puede superar los $2000.

“Compramos a dólar y cobramos en pesos”, resume. “El que hace bien las cosas sigue. El que no, se va quedando afuera”, afirma, en un escenario donde ya cerraron muchos tambos chicos.

Aun así, el motor no se apaga. “Es lo que sabemos hacer. No podés cerrar como un kiosco”,

Más allá de la coyuntura económica, hay una preocupación que atraviesa a toda la actividad: el recambio generacional. Y en ese punto, Tomás es directo. “Para el tambo no los veo bien”, dice sobre sus pares.

El problema, según su mirada, no es solo económico, sino también cultural. Las exigencias del trabajo, chocan con otras expectativas laborales. En su caso, la incorporación de tecnología fue una forma de adaptación. Hace tres años decidieron robotizar el tambo y hace dos lo pusieron en marcha. El cambio fue profundo: mejoró la calidad de leche, pero también la calidad de vida. “No es lo mismo salir a las 4 de la mañana con lluvia que arrancar el día en una oficina”, grafica.

A futuro, su objetivo no está en las redes, sino en el campo. “Que valga la leche, que valga el sacrificio”, dice. Y confía en que quien trabaja en el tambo pueda proyectar, crecer, mejorar su vida.