Cuando se pone primera y comenzamos a rodar. Carlos Sánchez, el regreso
(POR OSCAR RAVELLA)
Siempre estuve convencido que la fuerza de periodismo empuja en la sociedad más que un tractor, que una topadora, que un tanque de guerra.
Aún sin estar pegado a la información de primera línea.
Porque los periodistas de pueblo, como nosotros, no somos especialistas en nada, pero nos empapamos y nos instruimos en todo y de todos.
Y lo más destacado, es que lo que aprendemos lo hacemos de la calle. Esa calle que caminamos día a día y nos encontramos con decenas de vecinos que de primera mano juzgan nuestra tarea.
Quiero ser sincero: hay temas como los que tratamos domingo a domingo que nos ponen en la preferencia de los oyentes. Algunos con coincidencias, otros con disidencias.
O sea, comparten o no comparten nuestros análisis.
De qué nos nutrimos los periodista pueblerinos?, pues sin dudas de lo que podemos escuchar, leeer y ver momento a momento de los mas grandes. Vemos televisión, leemos los diarios nacionales, miramos los portales de internet, escuchamos radios.
Allí tenemos la puntita y luego, de la habilidad de cada uno viene el producto final. Porque yo no hablo todos los días con Milei, ni con Caputo, ni con Adorni, ni con Kicillof.
Por lo tanto, está la actividad, la viveza de cada uno de nosotros de recopilar lo que pueden conseguir los que están en la primera línea. Pero tenemos otra puerta abierta, salvando las distancias, cual es el contacto con el otro nivel de la infomación que sobremanera interesa al argentino y en particular en este caso al tresarroyenses. Y acá también está el efecto del periodismo.
El impacto en la sociedad, y la evaluación individual de cada uno de los que nos entienden a dónde queremos llegar.
Y aunque no lo quieran creer, ese impacto, esa explosión, esa fuerza del periodista con aquel individuo que le cree su informe y su análisis, se produce acá, en nuestro metro cuadrado.
Y queda marcado con letras de relieve la verdadera fuerza del informador. No necesitamos hablar dia a dia ni con Milei, ni con Caputo, ni con Adorni ni con Kicillof. Solo nos basta y sobra la charla con los ciudadanos influyentes de nuestro entorno, de los que tenemos acá cerquita.
Porque nos basta con hablar con Garate, con el Secretario de tal o cual árera del municipio, con el Concejal de cualquiera de los bloques de nuestro Concejo Deliberante, con el Comisario, con el Presidente de la Rural.
Y también con el político que parecía que se había guardado en los cuarteles de invierno y decidió volver el ruedo.
La fuerza del periodista, del comunicador se pone de manifiesto cuando el receptor del informe está interesado en lo que le queremos contar. Y si sirve nuestro relato, viene la bomba.
Esto pasó el domingo pasado. Cuando simplemente les relaté los pormenores de una charla mano a mano, de dos ciudadanos de Tres Arroyos, como lo son Carlos Sánchez y Yo.
De norte a sur, de este a oeste, de arriba a abajo, de un costado a otro de la ciudad y el mundillo político de la región habló del efecto de lo que les conté.
Que Sánchez, que gobernó 20 años Tres Arroyos, tiene el mejor de los deseos de acompañar una versión política (que sin dudas será vecinalista) en la creencia que la sociedad estaría de acuerdo.
Esto es lo que quería darles como conclusión. La repercusión de las horas posteriores a mi comentario.
Y sin dudas las adhesiones que recibió Sánchez a sus intenciones y también los que opinaron en contrario.
Acá está la verdad. Acá está lo que los jóvenes dicen hoy de las cosas populares: “marcó tendencia”.
Y eso no es una virtud de Ravella, ni solo el efecto Sánchez. Es el indiscutido impacto que genera el periodismo.
Y voy a terminar con una frase que escuché el otro día y analícenla profundamente: NO HAY OTRA COSA QUE DE MAS PLACER ESTANDO CON ROPAS, QUE EL PERIODISMO.