Alivio para el Campo y preocupación por el Gas: cómo impactan dos medidas en nuestra región – Carlos Ordóñez
La semana comenzó con una noticia positiva para el sector agropecuario. El Gobierno nacional anunció una nueva reducción de derechos de exportación, las conocidas retenciones, especialmente sobre cultivos de la cosecha fina.
La medida profundiza una tendencia iniciada durante la gestión de Javier Milei. El trigo y la cebada tenían originalmente una carga del 12%, luego bajaron al 9,5%, posteriormente al 7,5% y ahora volverán a reducirse al 5,5%. En el caso del girasol, la reducción también fue significativa. Para estos cultivos, la disminución acumulada ya supera el 50% respecto del punto de partida.
La lógica oficial es clara: reducir presión fiscal para mejorar márgenes, incentivar producción, promover inversiones y aumentar exportaciones.
La apuesta económica es que si el productor conserva una mayor parte de lo que genera, tenga mayores incentivos para sembrar, invertir y producir.
Sin embargo, toda reducción impositiva también tiene una contrapartida.
Porque cuando el Estado reduce una carga tributaria resigna recursos fiscales. Y allí aparece la soja como el punto más sensible, ya que continúa siendo uno de los principales aportes por derechos de exportación. Las estimaciones económicas hablan de un costo fiscal cercano a los 300 millones de dólares.
Pero mientras una puerta fiscal parece abrirse, otra podría comenzar a cerrarse.
La Cámara de Diputados ya otorgó media sanción al proyecto que modifica el régimen de Zona Fría y ahora resta el tratamiento en el Senado.
Y este tema toca directamente a nuestra región.
Tres Arroyos, Bahía Blanca, Tandil, Necochea y Mar del Plata, entre otras, aparecen entre las ciudades que podrían verse afectadas por la iniciativa impulsada para restringir el beneficio ampliado incorporado durante los últimos años.
La propuesta busca pasar de un esquema amplio basado principalmente en la ubicación geográfica a otro más focalizado según la situación socioeconómica de los hogares.
En términos prácticos, para una gran cantidad de familias esto podría traducirse en facturas de gas más elevadas.
Y aquí aparece una discusión económica muy interesante: la de los precios relativos.
Porque muchas veces hablamos de inflación, del dólar o del déficit fiscal, pero la economía también es cómo se acomodan costos, ingresos y beneficios entre distintos sectores.
Por un lado se reducen impuestos buscando estimular producción y exportaciones.
Por otro lado se intenta reducir subsidios para disminuir gasto público.
Y mientras tanto aparece una tercera variable que muchas veces termina definiendo la percepción social: el salario.
Porque las familias no miden la economía en millones de dólares de costo fiscal.
La miden preguntándose cuánto compra el sueldo, cuánto cuesta llenar el changuito y cuánto llega a fin de mes en la boleta de gas.