Se fue un gran amigo: “Tito” Giuliani, tan noble como la madera que rodeó su vida
Fue acelerado el proceso. Vivió joven 84 años. Armó una familia. Hijos, nietos y tal vez soñaba con los bisnietos. Pasó por el dolor de la viudez, pero nunca bajó los brazos. Una vertiginosa enfermedad deterioró su salud en pocos meses y esta madrugada partió “Tito” Giluliani. Tal vez muchos no sabían que se llamaba Héctor Florindo. Y su nombre sólo lo escuchábamos cuando integraba la Asamblea de Mayores contribuyentes del Concejo Deliberante.
Carpintero desde siempre. Desde sus orígenes junto a su hermano Lucio (sólo este presente los separa físicamente) junto a los Mancuso tuvo sus inicios profesionales, hasta que se independizaron y montaron un taller de carpintería que se transformó en una enorme fábrica de muebles (Centauro Amoblamientos) en Estrada al 600. Fueron maestros de hoy exitosos carpinteros.
Tito era un ser humano de esos como los que se encuentran pocos. Desinteresado, honesto, cuidador de lo suyo y de lo que él quería. Generoso. Gran cocinero y maestro de cocina aficionado, pero bueno de verdad. Participó de la dirigencia de la Sociedad Italilana, Club Costa Sud y era parte del Club Amistad y Servicio Fortín Machado.
Quienes lo conocieron supieron de él sacar lo mejor. No era difícil. Fue un gran amigo, un excelente padre de familia, y un privilegiado abuelo que nadaba en la felicidad que le brindaban sus nietos, quienes lo amaban. Tal vez habría muchas más virtudes para agregarle al buen carpintero, artesano, creativo, y ese ser que no tenía imposibles. Pero puede sintetizarse con una frase tal vez simple, pero llenadora: “Tito era un buen tipo”. Un gran hombre.