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Liliana Bernal: Su fallecimiento

24.06.2019 Leída: 3116 veces

Excepto para un muy reducido número de amigas/os y familiares, la reciente desaparición de Liliana René Bernal pasó prácticamente desapercibida.
Sin embargo es bueno puntualizar que en una labor muy silenciosa, fue una persona fuertemente comprometida con la preservación del ambiente y sobre todo con el cobijo y protección de los animales, especialmente los perros callejeros.
Si bien colaboró con las instituciones protectoras, su labor principal se ubicó por fuera de las mismas, integrando un grupo dedicado al tema aunque de manera informal.
De hecho su casa fue refugio temporal o permanente de animalitos dejados en abandono y muchas veces afectados por traumas diversos.
No sólo se ocupaba con sus propios recursos a la alimentación, sino también a la recuperación y preservación de esos callejeros.
Su amor por sus animales, que incluía a otros muchos que no albergó pero que atendió con premura y eficiencia, era inconmensurable y cada uno fue por ella “bautizado” y todos tenían sus nombres correspondientes y hasta registros fotográficos.
Casi una decena de perros y hasta un gato han sobrevivido y actualmente son atendidos por algunas personas allegadas que se comprometieron con ella a custodiar un destino adecuado.
Pero sería injusto hacer hincapié solamente en su labor solidaria y comprometida, sin destacar sus cualidades intrínsecas.
Generosa y honesta son palabras que podrían, entre otras, definir su personalidad.
Generosa con sus animales pero también para sus allegados.
Honesta al punto que sus empleadores le confiaban el manejo de sumas considerables de dinero y las gestiones más sensibles.
Nacida y desarrollada en el seno de una familia de las de antaño, preservaba los valores sustanciales exhibidos por sus ancestros, a quienes recordaba siempre con un cariño especial.
Sencilla aunque proclive a darse algunos gustos personales básicos, era inmensamente creyente.
No lo demostraba, pero tenía un carácter fuerte y tomaba distancia rápidamente de quienes defeccionaban respecto al tema que asumió con fuerza: la preservación y cuidado de los perros callejeros.
Fue, hasta el 31 de diciembre pasado, una trabajadora que afrontó la vida en soledad pero que nunca bajó los brazos.
Empleada mucho tiempo en Cooperativas Unidas del Sur, al cierre de la entidad se incorporó a Transportes Pili, donde prestó servicios durante varios años, hasta su retiro.
Yo tuve el privilegio de ser su amigo.

Omar Alonso