Mucho más que un preso

9 mayo, 2020

Mucho más que un preso

Néstor Jesús Barroca fue mucho más que un preso político y víctima de la dictadura cívico militar implantada en marzo de 1976.

Víctima, pero afortunada al fin, si se tiene en cuenta los trágicos resultados de los años de plomo con miles de muertos y desaparecidos, incluyendo poco más de una veintena de Tres Arroyos.

Su fallecimiento se produjo recientemente a los 85 años, y es un disparador para recordar que fue un protagonista central de los acontecimientos políticos lugareños de la conmocionada década del 70.

Sin querer abundar en detalles pormenorizados, es preciso hacer una referencia aproximativa del contexto político general de la época.

Se salía de una nueva dictadura militar, accedía al gobierno Héctor Cámpora y se abría el camino para el retorno de Juan Domingo Perón, tras un largo exilio. Además se recuperaban los restos de Eva Duarte.

Se trataba de una compleja arquitectura en la cual Cámpora era presidente pero no ejercía el poder sino que algunos estudiosos lo ubican como un candidato impuesto a Perón por la Logia masónica Propaganda Dos, P2, que extendió sus tentáculos mundiales de la mano de Licio Gelli.

Oscar Bidegain asumía la gobernación bonaerense. Se trataba de un prestigioso profesional médico de Azul con claras inclinaciones políticas hacia la izquierda del peronismo.

No es necesario hacer referencia a la sangrienta puja desatada entre la juventud peronista, denominada “la tendencia” y lo que en general se llamaba la burocracia sindical, y las consecuencias.

Todo esto se ha escrito de manera profusa.

En Tres Arroyos

La misma puja por espacios políticos se producía en Tres Arroyos.

Los gremios más fuertes marcaban el rumbo en la CGT Regional, es decir la Unión Obrera Metalúrgica con José Corrales y Norberto Larrechea, y Luz y Fuerza, con Horacio Ale y Ricardo Burón, entre otros.

Recién comenzaban a considerarse figuras como Vicente Bianchi, de Gráficos y Carlos Natale, de SMATA. Ambos ocuparían años después la titularidad de la CGT Regional, el primero con un fracaso rotundo y el segundo marcando una época positiva para el organismo.

Dentro de la entidad la disputa era solapada. Horacio Ale era el titular pero los metalúrgicos eran protagonistas sustanciales y condicionaban todas las decisiones.

En un contexto de crisis y con un ostensible mercado negro de productos, como la chapa, el papel higiénico, el azúcar o el aceite, se impulsaba un plan de viviendas que nunca se concretaría.

Los intereses cruzados, aparentemente habrían sido el motivo de un atentado de que fue víctima el dirigente Norberto Leonel Larrechea. Agredido a tiros una madrugada cuando llegaba a su domicilio con  su esposa, en la calle Isabel La Católica, logró sobrevivir.

Asumía como Intendente José Abel Del Vecchio, rápidamente condicionado por un enfrentamiento interno del peronismo para el que por edad y por calidad personal no estaba en condiciones de afrontar.

Las circunstancias lo obligaron a renunciar, dando paso a un proceso que llevó a Francisco Couso al cargo de Intendente, no sin que antes hubiera una fractura en el Concejo Deliberante y se produjera la decisiva participación del entonces concejal de Cascallares, José Piquero.

El voto de este fue determinante para abortar la intención de Alberto Porzio y la restante estructura político-sindical de escindir a la izquierda peronista de la conducción municipal.

Couso y Piquero se enrolaban claramente en la línea del gobernador Bidegain, víctima de las manipulaciones de la burocracia sindical que terminaría con su renuncia y el acceso de Victorio Calabró a la gobernación.

La JP

La Juventud Peronista también cobró vuelo en Tres Arroyos, engrosada por militantes de todos los sectores, pero fundamentalmente muy populares y que no excluyó a algunos intelectuales.

Néstor Jesús Barroca fue la cabeza visible, la que orientaba una política fuerte de presencia en las calles para manifestar lo que ellos consideraban correcto.

Rubén Di Croce, por entonces un joven y prometedor periodista era también ideólogo activo y como tal integró el gabinete de Couso en el área de Turismo.

Pobladores barriales, sobre todo de la periferia, constituían el grueso de los intervinientes, pero también se sumaron delegados internos de los establecimientos fabriles.

Esto se explica claramente porque las conducciones históricas de la UOM, se sostenían imponiendo los candidatos políticos y transformando al gremio en una estructura irreductible que no daba lugar a muchas expresiones disidentes de base.

Incluso digitaban la conducción de estructuras políticas, como las 62 organizaciones. El claro ejemplo fue el dirigente Horacio Yema, de SUTIAGA.

Barroca y la JP fueron protagonistas de una importante manifestación en la planta baja del palacio municipal en el mismo momento que en el Salón Blanco juraba Del Vechio como Intendente.

Una clara señal de fuerza y de condicionamiento ideológico.

Pero no sería la única oportunidad de manifestación pública,

El mismo Francisco Couso, a pesar de su inclinación política, fue objeto de una violenta manifestación que lo obligó a hablar desde los balcones de la Municipalidad.

El golpe cívico militar de marzo de 1976, no solamente interrumpió el proceso democrático, sino que deja planteado un fuerte interrogante respecto al desenlace que hubiera tenido la puja desatada internamente en el peronismo.

Y Tres Arroyos no es la excepción.

Barroca fue detenido y puesto a disposición del P.E nacional por su militancia política. Pero no solo fue un preso, fue un convencido de que lo que hacía era correcto. El camino elegido no era otro que el que era habitual en esa época convulsionada.

Más allá de compartir sus ideas, o no. De juzgar sus formas de hacer política, me parece que a su muerte lo que se debe privilegiar es su honestidad intelectual.

* Escribe Omar Eduardo Alonso – [email protected]

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