La Martita y el fantasma Benito

7 agosto, 2021

La Martita y el fantasma Benito

Es objeto de mitos y leyendas urbanas sin mayores sentidos racionales. Está ubicada en un lugar privilegiado de la ciudad y fue realizada en 1925 por el señor José Fosque,  un histórico constructor de Tres Arroyos que se domiciliaba en Quintana 681.
FUTUROCORTO
Actualmente se encuentra en venta, pero mientras tanto es objeto de comentarios sobre presencias extrañas, de la misma manera que ocurre con el chalet de Pinnel, sobre el que escribí hace algún tiempo.

Obviamente nada de ello tiene asidero en eventuales testimonios serios. Suele ocurrir cuando los rumores lanzados con o sin intención, se propagan hasta hacerse un mito popular.

Tomando a la chacota esa creencia difundida, podría imaginarse que en ese inmueble se divierte el Fantasma Benito.

Recordemos que se trataba de un personaje travieso lanzado por Dante Quinterno, que luego lo cedió a Eduardo Ferro y que protagonizó una tira que se publicó durante 20 años en la revista Patoruzú semanal. Pero era fantasma bueno y solamente juguetón.

De todas maneras, la casa ubicada en San Martín 232 tiene una historia de 95 años, cuyos detalles no tienen—al menos que yo conozca—un respaldo documentado.

Necesariamente se debe recurrir a una buena dosis de imaginación para compaginar una aproximación medianamente seria al respecto.

Un Instituto

Para intentar comprender alguna situación, es importante hacer referencia al Instituto Movilizador de Inversiones Bancarias.

Entre 1933 y 1940 el Estado Nacional acumuló ganancias por 778 millones de pesos por manejo del mercado cambiario.

Se producía una fuerte crisis económica en el país. Recordemos una nota en la que oportunamente hablé de hambrunas y ollas populares en Tres Arroyos.

Muchos clientes que habían tomado créditos bancarios, dejaron de pagarlos y se producía una concreta amenaza de quiebra del sistema.

Como consecuencia, el Estado creó el Instituto comentado para asistir a los bancos con problemas financieros, tomando a su cargo los créditos adeudados por clientes morosos.

Se establecía un mecanismo de devolución progresiva y el salvataje fue exitoso.

La casa La Martita, fue propiedad del Instituto en determinado momento. A propósito, no cuento con datos que permitan conocer en homenaje a quién se le puso ese nombre, aunque se referiría a algún familiar muy cercano a quien encomendó la construcción.

Los propietarios

No he detectado quién fue que contrató la construcción, existiendo un período de 10 años sin mayores datos sobre la casa que consta de hall, comedor, cocina, baño, garaje, 4 habitaciones y dos dependencias adicionales sobre un lote de 10 metros por 40.

Se sabe que el 24 de diciembre de 1935 fue comprada por Francisco Carpinetti y otros.

Hacia octubre de 1938 pertenecía al Instituto mencionado más arriba, es decir al Estado nacional.

En diciembre de 1944 su propietario era Armando Santiago Bilotti, pero poco menos de un año después lo era el Banco Comercial de Tres Arroyos, en octubre de 1945.

Sin embargo, dos meses después, el 24 de diciembre de ese año, la titularidad pasó a manos de José Antonio Delménico que pagó 1800 pesos.

Todo este movimiento permite suponer que el inmueble perteneció a un deudor bancario y se lo utilizó como pago o garantía de pago de algún crédito fallido.

La historia más concreta se observa desde el 29 de diciembre de 1975 con la compra en 120.000 pesos por parte del señor Luis González, interviniendo la escribana Velia Rey, quien fue la única mujer intendenta de Tres Arroyos.

Actualmente sus propietarios son Neldo Oscar Tiracchio y Carmen Nora Alonso, que adquirieron el predio el 30 de mayo de 1988. La familia Tiracchio tiene una larga tradición en el rubro agropecuario en la zona de Campo Caride, El 43, y aledaños.

Por razones obvias, no se tienen referencias de quienes ocuparon el inmueble mediante su alquiler, pero puede recordarse que allí funcionó durante algún tiempo un establecimiento de artesanías, como así una residencia de ancianos.

Quizás hubiera sido una buena idea, aprovechando la leyenda urbana, elaborar y comercializar imágenes o muñequitos, llaveros u otros elementos con la imagen del bueno de Benito (foto).

Agradecimiento al señor Sergio Gancedo por los datos aportados.

Escribe: Omar Eduardo Alonso

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