Alberto Almirón: su fallecimiento
Fue integrante de una familia de profesionales y de una generación de estudiantes secundarios que resultaría brillante en su paso posterior por la universidad. Me refiero a la promoción de 1966 y en su caso del Colegio Jesús Adolescente.

Su padre había sido abogado con residencia en la calle Lucio V. López y una vinculación estrecha con la actividad de la parroquia Nuestra Señora del Carmen.
De tal forma era natural que sus hijos cursaran sus estudios en una institución religiosa, de la misma manera—podría decirse—que tuvieran una vinculación fuerte con la práctica deportiva.
Es que en el colegio se mamaba desde chico la pasión por el básquet y en la zona céntrica de la ciudad, muy cerca del domicilio familiar, se podía acceder a instituciones que lo practicaban, como Costa Sud.
La política no fue ajena para Alberto Almirón, que se integraría a la Unión Cívica Radical y sería partícipe junto a otros varios componentes de aquella generación que menciono, en el proceso que desembocó en la recuperación de la democracia en 1983.

Joven abogado por entonces, integró el equipo que acompañó a Jorge Foulkes en la administración municipal y en consecuencia fue partícipe de cuestiones diversas, incluyendo aspectos efervescentes de la propia gestión.
Recuerdo haberlo invitado a participar para mi programa “esto es Historia” para considerar—entre otras cosas—aquella iniciativa de instalación de una planta productora de fertilizantes.
Noo, me dijo, porque si yo hablo de lo que pasaba se pudre todo…………..(palabras más o menos).
Recuerdo también un momento trágico que vivió la familia y que tuvo como protagonista a la radio y a quien escribe.
Un hermano, de edad levemente menor, estaba estudiando en Buenos Aires.
Yo estaba en la redacción y en un boletín, creo que el policial, leí la información de un incendio con algunas víctimas fatales.
A los pocos minutos llegaba Alberto alarmado a consultarme al respecto. Al revisar el “cable” de la agencia noticiosa confirmó que el incendio era en el edificio donde vivía su hermano.
Posteriormente confirmaría que era uno de los muertos y había perecido al intentar abandonar el edificio envuelto en llamas.
Lo cierto es que Alberto Almirón se dedicó luego a su actividad profesional, en algún tiempo compartiendo el estudio jurídico.
No puedo decir que fui su amigo, pero tuve con él un trato cordial. Ambos de la misma generación de egresados secundarios y ambos entusiastas del básquet que practicamos muchos años atrás.
Paradójicamente su desaparición se produce pocos días después de otra sentida pérdida para el grupo del 66.
En este caso de Ricardo Cafasso, también abogado, que residía en La Plata y que fue egresado del Colegio Nacional y también practicante de básquetbol en aquellos años.
A ambos los recuerdo con cariño
Nota Omar Alonso