“Tolo” un olvido – Escribe: Omar Eduardo Alonso
Como muchos otros que la memoria colectiva ha generado, dejando que se perdieran en el tiempo las referencias de ciudadanos que han aportado sustancialmente al quehacer lugareño, en distintas áreas.
De allí el título: Todo un olvido
Es el caso, por ejemplo, de Aristóbulo Agustín Faustino Eduardo Bambill, parte de cuya historia procuro recuperar en este espacio de la mano de los datos aportados por su sobrino Juan Carlos Liébana, además mi ex compañero de secundario.
Familiarmente le decían “Tolo”, no era nativo de Tres Arroyos pero estuvo aquí durante unos 20 años, y su presencia no pasó desapercibida.
Había nacido en Bahía Blanca en el seno de una familia acomodada pues su padre era juez y su madre era heredera de campos importantes.
Se recibió de médico oftalmólogo en la Universidad Nacional de La Plata, pero de manera paralela era un amante del arte y las letras, admirador de Almafuerte y abrevando en la historia de Don Quijote.
Idealista, con espíritu independiente y amante de la libertad, como lo define su sobrino, comenzó a escribir poemas y editó varios libros, muchos de los cuales se conservan en la Biblioteca Sarmiento.
Se radicó en Tres Arroyos y ejerció su profesión con consultorio en Avenida Moreno 232, donde hoy funciona el Museo de Bellas Artes, MUBATA. Vivió allí durante unas dos décadas, pero no parece que esa presencia haya sido motivo de una recordación especial.
Era un apasionado colombófilo. Detrás de la vivienda tenía un palomar con unos 200 ejemplares, habiendo participado en numerosas competencias, varias de las cuales ganara y fue distinguido.
Además de sus libros era frecuente la publicación en el diario local que en abril de 1987 hizo una necrológica que se reproduce.
El pensamiento “revolucionario” que exhibía generó cierto escozor en algunos sectores, especialmente del clero local y alguien recuerda algunos cruces públicos al respecto.

Sus relaciones
Era amigo estrecho de Guillermo Duvelmeyer, y ambos compartían la pasión por las palomas, e ideas filosóficas parecidas, de modo que sostenían un contacto extenso y permanente.
Se casó en Tres Arroyos con América Martínez en 1940 y tuvieron dos hijos.
América y Amelia Martínez (esta última madre del doctor Liébana) nacieron en Dolores en el seno de una familia de inmigrantes españoles dedicados al comercio.
Ambas estudiaron en la Escuela Normal y recibidas, juntas comenzaron a trabajar. Primeramente en Balcarce y luego se trasladaron a Tres Arroyos, hacia 1930.
Aquellos viejos inmigrantes viendo que sus hijas permanecían aquí, también se trasladaron comprando una vivienda en San Lorenzo 56.
Su esposa tuvo una trayectoria muy fuerte en la escuela número 3 donde fue vicedirectora hasta la jubilación.
América y Aristóbulo tuvieron dos hijos, Víctor Américo y María Graciela, recibidos de abogado y sicóloga, respectivamente.
Esta última, radicada en B. Blanca, mantiene en su propiedad un cuadro con un poema de su padre ilustrado por Duvelmeyer, que se reproduce aquí.
Ambos casados, se radicaron en B. Blanca y en el caso de Víctor ha tenido un destacado desenvolvimiento en la función pública.
En 1983, durante el gobierno de Armendáriz en la provincia, se desenvolvió como Subsecretario de Asuntos Municipales. Hoy ocupa la sindicatura del CEAMSE, Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado.
Su alejamiento
América Martínez se había jubilado y se produjo el fallecimiento de Duvelmeyer, lo que motivó que Bambill considerara que su ciclo en Tres Arroyos estaba cumplido.
Había perdido a un socio intelectual. Ese vacío intentó ocuparlo mediante un intenso contacto epistolar con intelectuales de otros países, donde fue reconocida su producción de poemas.
Se reproducen publicaciones de la República Dominicana y Venezuela, aunque no fueron las únicas. Fue reconocido como miembro de número de la Academia de Letras de Brasil.
Se le otorgaron testimonios al respecto, aunque declinó concurrir a recibirlos, agradeciendo las distinciones que les fueron enviadas.
Paralelamente recibió ofertas laborales muy interesantes en Bahía Blanca, por lo que resolvió radicarse en Punta Alta.
Allí desarrolló una intensa actividad como oftalmólogo en el Hospital Penna, en el Hospital Naval de la base Puerto Belgrano, en el hospital municipal de Punta Alta, en su consultorio privado y realizando visitas periódicas a Carhué y Guaminí.
La colombofilia se redujo a una mínima expresión, solo para no perder del todo esa afición por las palomas.
Podría decirse que en Tres Arroyos trascendió por su obra, muchas veces reflejada en el diario local, pues no fue una persona especialmente interesada en participar de la actividad social.
Disfrutaba, más vale, de la intimidad familiar y de un muy reducido círculo de amigos y conocidos.
Como digo más arriba, es una figura que no ha sido recordada suficientemente por los tresarroyenses, aunque es uno de los tantos. Se fue de aquí en 1958, se jubiló en 1980 y falleció en 1987. Sus restos están en el cementerio de B. Blanca.
El Museo
En 1959 el entonces comisionado municipal, doctor Pedro Aguirre convocó a un grupo de vecinos, constituyéndose una asociación civil, con el objetivo de conservar, estudiar, estimular, apoyar y difundir el arte en todas sus expresiones.
Su patrimonio reúne pinturas, esculturas, dibujos y grabados de las principales tendencias y movimientos que caracterizan al arte regional.
Su valiosa colección se inicia con una importante donación de Federico Vogelius “Fico”, quizás el último mecenas del país, lo que se fue incrementando con adquisiciones y donaciones de importantes exponentes del arte y la cultura.
Entre ese material, realmente de un valor excepcional, se encuentra el asignado por la Fundación Banco Comercial de Tres Arroyos, cuya bienal tenía trascendencia nacional y cuyos primeros premios adquisiciones se derivaban y están en el MUBATA.
Hacia fines de 2011 se actualizó el convenio de participación cultural con el municipio que ha significado integrar al museo a las políticas turísticas y culturales que propicia la comuna.
Como dato anecdótico y a propósito de la amistad de Bambill y Duvelmayer, puede recordarse que poco tiempo atrás se encontraron en el lugar algunas pinturas que al parecer de especialistas eran obras de este pintor, que fue, además el primero en encuadrarse dentro del arte abstracto.
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Fotos: Un cuadro de Duvelmeyer ilustrando un poema de Bambill; la familia Bambill en Mar del Plata en 1963; la portada de uno de sus libros; publicaciones que lo referencias en Rep. Dominicana y Venezuela; Bambill, su esposa y su sobrino Juan Carlos Liébana; reproducción de la necrológica del diario local.
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