(audio)Los secretos de Tinka, la pyme santafesina que sobrevive al paso del tiempo
En una charla con FM Ilusiones, Silvina Chiarlo compartió la apasionante historia de Tinka, la fábrica de bolitas ubicada en la localidad santafesina de San Jorge que, con 73 años de trayectoria, se mantiene como la única en su tipo en el país y una de las pocas en toda Sudamérica.

La empresa, que hoy es liderada por tres mujeres tras la jubilación de sus fundadores originales, representa un pilar fundamental para la comunidad de 24.000 habitantes, produciendo diariamente la increíble cifra de 400.000 unidades con una estructura de apenas nueve empleados.
Chiarlo explicó que el proceso productivo se basa íntegramente en el reciclaje de vidrio, utilizando botellas y frascos que se funden a temperaturas de entre 1.200°C y 1.400°C. Detalló además el ingenioso sistema de pigmentación que permite crear los clásicos diseños como las “ojo de gato”, donde el color se inyecta internamente, o las “vergel”, que llevan el diseño por fuera. La tecnología que utilizan hoy, un sistema de rolos traído por un técnico taiwanés en la década de los 90, les ha permitido estandarizar una producción que abastece a todo el mercado interno, aunque todavía mantienen la cautela respecto a la exportación para no comprometer su capacidad de respuesta.
Un punto destacado de la conversación fue la capacidad de la fábrica para reinventarse y captar el interés de nuevas generaciones y coleccionistas. Tras la consagración de la Selección Argentina en Qatar, Tinka lanzó una edición especial de los “Campeones del Mundo”, que incluye bolones con las caras de los jugadores. Este set de colección, que se comercializa con su propia estructura de exhibición, se ha convertido en un objeto de deseo que combina la nostalgia del juego tradicional con el fanatismo futbolero.
Pese a los desafíos que representa la competencia de productos importados de bajo costo, especialmente los provenientes de China, Silvina Chiarlo reafirmó el compromiso de la familia por mantener vivo este oficio. La fábrica no solo es un motor económico para San Jorge, sino también un símbolo de identidad cultural que ha logrado que un juego tan simple y antiguo como la bolita siga presente en los recreos escolares y en las vitrinas de los coleccionistas de todo el país.