Adiós querido Alfredo. Hasta siempre

7 junio, 2026

Adiós querido Alfredo. Hasta siempre

Mirá si derrochó bondad, que hasta Rey Mago fue.

Esto comentábamos con un amigo cuando nos anoticiábamos de la partida del querido, irremplazable ser humano, Alfredo Marino, ocurrida este domingo a la mañana, cuando su cuerpo dijo “basta”, otro mundo me espera para estar mejor.

Una crónica dolencia lo acorraló en los últimos tiempos, la cual superó la fortaleza de los médicos, familiares y amigos, que a nuestra manera le dimos el más grande de los apoyos y optimismo, aún sabiendo que la salida era difícil.

Alfredo tiene una rica historia centrada en el compromiso, la responsabilidad, el trabajo, el amor, la familia, los hijos, los nietos, los amigos y todos los que lo conocimos.

Siempre rodeado de lo mejor que podía recibir: el afecto. Porque era merecedor. Porque daba sin pensar que luego iba a recibir. San Francisco de Bellocq lo vio nacer. Siempre en crecimiento. En todos los lugares donde podía ser útil.

Alfredo fue el clásico telefonista del pueblo. El “enclavijador” de las comunicaciones en aquellas viejas centrales manuales que no sé si todos conocieron.

Apasionado por las instituciones del pueblo, las que nunca olvidó aún luego de vivir fuera de la localidad.

Orgulloso de sus hijos, sus nietos, sus hijos del corazón, que generaban continuamente el brillo de sus ojos.

De Cristina, su esposa inquieta, motor de tantas cosas junto a Alfredo en la historia de vida que ambos compartieron.

De joven, Rey mago en San Francisco de Bellocq. Integrante de la comisión local del Banco Credicoop, Actor de Radio Teatro (su padre hizo teatro vocacional), culto, inteligente. Todos sus trabajos fueron importantes, desde el más sencillo hasta ser compañero inseparable de su Cristina, a quien asistía tanto como de Gerente o “cadete” del emprendimieno familiar.

Era difícil encontrar en él un “no”. Tenia paciencia, mucha paciencia. No era fácil hacerlo enojar, o al menos así lo demostraba. Fue un gran amigo. Incondicional. Asador y cocinero. De buen apetito y degustador de las más altas exquiciteses, hasta la simpleza de un guiso o tortas fritas con mate.

Disfrutó de viajes, cruceros, recorridas por el país y el exterior, con familia y amigos. Divertido. Claro en sus conceptos. No tenía grices y eso le realzaba el respeto por él y a los demás.

Tal vez pueda contar algunas cosas más, pero si no las recuerdo, pueden ser intrascendentes. Lo dicho es lo que me sale de lo más profundo. Que tengas el merecido descanso en paz, querido amigo Alfredo. Dios de consuelo a su familila y a quienes te amamos desde cada uno de nuestros lugares. Alguna vez volveremos a estar juntos, con Marta, Marisa, Stella y tantos con los que derrochamos amistad. (José Luis Basualdo)