(audio) Alimentación y sueño: dos hábitos que se necesitan mutuamente
¿Alguna vez notaste que después de una mala noche de sueño al día siguiente aparecen más ganas de comer algo dulce o una comida rápida? O, ¿que una cena muy abundante puede hacer que conciliar el sueño sea más difícil? No es una casualidad. La ciencia demuestra que alimentación y sueño están estrechamente relacionados y que ambos influyen en nuestra salud mucho más de lo que imaginamos.
Dormir bien no solo nos ayuda a sentirnos con más energía. Mientras descansamos, el organismo trabaja intensamente: regula hormonas, fortalece el sistema inmunológico, repara tejidos y consolida la memoria y el aprendizaje. Por eso, en los adultos se recomienda dormir entre siete y nueve horas por noche.
La alimentación también tiene un papel importante. Algunos nutrientes favorecen los procesos que intervienen en el sueño, como el triptófano —un aminoácido que participa en la producción de serotonina y melatonina—, además del magnesio y la vitamina B6. Estos nutrientes están presentes en alimentos cotidianos como la leche y el yogur, la avena, la banana, las legumbres, los frutos secos y los cereales integrales.
Sin embargo, no todo suma a la hora de descansar. El café, las bebidas energéticas, el alcohol y las comidas muy abundantes o con exceso de grasa consumidas cerca de la hora de dormir pueden afectar la calidad del sueño. La cafeína, por ejemplo, puede permanecer activa en el organismo durante varias horas, por lo que muchas personas sienten sus efectos incluso cuando la consumen por la tarde.
La relación entre sueño y alimentación también funciona a la inversa. Dormir poco modifica el equilibrio de las hormonas que regulan el apetito: aumenta la grelina, que estimula el hambre, y disminuye la leptina, que genera sensación de saciedad. Como resultado, solemos sentir más antojos por alimentos ricos en azúcares y grasas y comer en mayor cantidad.
La buena noticia es que pequeños cambios pueden generar grandes beneficios. Mantener horarios regulares para las comidas, elegir cenas livianas y equilibradas, evitar la cafeína durante la tarde y la noche y limitar el consumo de alcohol son estrategias sencillas que favorecen un mejor descanso. Una cena como pollo con arroz integral y verduras, merluza con puré de calabaza, un guiso liviano de lentejas o una ensalada de quinoa con vegetales son ejemplos de opciones completas y fáciles de digerir.
Dormir bien no depende únicamente de apagar la luz. También comienza en la mesa. Cuidar la alimentación y el descanso como un equipo es una inversión diaria en nuestra salud, nuestro bienestar y nuestra calidad de vida.
Lic. en Nutrición Carolina Tedesco (MP 6764)
Divulgadora en salud y bienestar – Estamos de 10 – LU24 – Seguinos en redes para más novedades: @carotedesco_nutricion @modonutt