(audio) El emprendimiento de un tresarroyense en Claromecó que llegó a las cocinas europeas

29 mayo, 2026

(audio) El emprendimiento de un tresarroyense en Claromecó que llegó a las cocinas europeas

“La tierra no da frutos si no la riega el sudor” inmortalizó Martín Fierro desde la voz interna de José Hernández, concepto que muy en claro tiene Alejandro Camporini cuyo emprendimiento requiere constancia, sacrificio y paciencia infinita.

Alejandro Camporini es oriundo de Tres Arroyos, está radicado en Claromecó y se dedica a la recolección, comercialización y exportación de  piñones comestibles, actividad que, desde su infancia fue parte de su vida, y ya en su adultez, se convirtió en proyecto, sueño y realidad.

“Con mi abuela juntábamos piñas en el Vivero de Claromecó, les sacábamos las semillas y, muy artesanalmente, las pelábamos con un martillo. Ella las usaba para el pan dulce y para el pesto”, recuerda.

Alejandro nunca olvidó aquella experiencia, con los años se recibió de ingeniero forestal egresado de la Universidad Nacional de La Plata. A finales de los años 90, ya radicado en Claromecó participó en la forestación de 6.000 plantas de la especie Pinus pinea en el vivero, especie que se caracterizan por su copa en forma de paraguas y sus piñones comestibles.

La paciencia fue su don y su aliada porque recién 30 años después, logró concretar en 2023 la primera exportación de 6.000 kilos de piñones a España, uno de los países de Europa donde este producto es muy solicitado y valorado en la gastronomía. Esta operación comercial también se repitió en los último año.

El pino piñonero (Pinus pinea) se distingue por su similar a un paraguas, y no alcanza la altura de otras especies más comunes en la costa como el pino marítimo.

Las piñas, se cosechan a mano entre mayo y octubre, se trasladan a un lugar de acopio. En los meses de calor, se las seca al sol: el fruto se abre, pasa por una máquina que separa la semilla de la piña y, finalmente, se obtiene el  piñón.

“Se cosecha de manera artesanal, trepando al árbol con ganchos, cortando las piñas y dejándolas caer una por una. Después se acopian y en primavera se abren al sol para extraer la semilla”, detalló Alejandro.

“En España, donde el oficio está más desarrollado, a los recolectores se los conoce como “ardillas humanas” y existen métodos mecanizados que vibran los árboles para facilitar la caída de las piñas”.

“Nosotros acá en Claromecó hacemos todo de forma artesanal. Ahora lo estoy exportando con cáscara porque no tengo la máquina para abrirlo. De 100 kilos de piña salen entre dos y tres kilos de piñón pelado listo para consumir. Por eso es un producto costoso y tan valorado”, explica Camporini.

En Europa, el piñón pelado alcanza precios de entre 70 y 100 euros por kilo, una cifra que lo ubica entre los frutos secos más caros del mercado.

“De una tonelada de piñas se obtiene aproximadamente un 4% de piñón blanco comestible” – explica.