(audio) El recuerdo de Arturo Romero que convivió con el Indio Solari en La Plata
Mucho antes de convertirse en una de las figuras más influyentes de la cultura argentina, Carlos “El Indio” Solari era simplemente “Carlitos”, un joven que llamaba la atención entre los vecinos de un tradicional PH de la ciudad de La Plata. Así lo recordó el médico veterinario rauchense Arturo Romero, quien compartió años de vecindad con quien décadas después se transformaría en un ícono del rock nacional.
La historia se remonta a fines de los años 60 y comienzos de los 70. Entre 1968 y 1972, Romero vivía en una casa ubicada en la calle 41 entre 7 y 8, a pocos metros de Plaza Italia, mientras cursaba sus estudios en la Universidad Nacional de La Plata. Junto a otros cinco jóvenes del interior, llevaba adelante una rutina marcada por el estudio y el objetivo de terminar la carrera lo antes posible, señaló al portal platense 221en una nota firmada por el periodista rauchense Beltrán Miguel.
“Para mí era Carlitos, mi vecino. Un joven totalmente normal, despelotado con los horarios porque iban a contramano nuestro”, recordó Romero.
Lo que jamás imaginó que aquel muchacho terminaría convirtiéndose en una leyenda de la música argentina.
El futuro líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota vivía en el departamento lindero. El complejo estaba compuesto por un estrecho pasillo de ingreso y tres pequeñas viviendas al fondo. Allí residía Solari junto a su padre y, según recuerdan quienes compartieron aquellos años, solía hacerse notar, especialmente durante las noches.
“Nosotros teníamos una vida muy distinta. Éramos estudiantes que veníamos del interior con la idea de recibirnos y volver a nuestros pueblos. Él era más bohemio, más desordenado. Era sorprendente pensar que un chico tan normal llegara a ser lo que fue después”, señaló el veterinario.
Romero había llegado desde Rauch para estudiar Veterinaria en una época compleja para la vida universitaria argentina. “Había persecuciones, había líos. Era un tiempo bastante bravo para estar estudiando”, recordó. Por eso, mientras muchos jóvenes se involucraban en diferentes movimientos culturales y políticos, él mantenía la mirada puesta en terminar sus estudios y regresar a su ciudad natal para ejercer la profesión.
Con el paso de los años, tanto Arturo Romero como otros excompañeros de aquella época -entre ellos Luis Cabañas– comprendieron que habían convivido durante largo tiempo con una figura que marcaría a varias generaciones. Sin embargo, en aquellos días, el Indio no era más que “Carlitos”, el vecino inquieto que vivía al lado.
Más de medio siglo después, el recuerdo sigue intacto. Y para el veterinario rauchense, la historia conserva un ingrediente especial: haber compartido la cotidianeidad con alguien que, sin que nadie lo sospechara, terminaría convirtiéndose en uno de los artistas más trascendentes de la Argentina.