(audio y video) La Tranca de Cura Malal: el renacer de una pulpería convertida en refugio cultural

22 febrero, 2026

 (audio y video) La Tranca de Cura Malal: el renacer de una pulpería convertida en refugio cultural

En el corazón de Cura Malal, un pequeño paraje del partido de Coronel Suárez que apenas cuenta con 18 alumnos en su escuela local, la historia se resiste al olvido gracias al empuje de Mercedes Resch. La propietaria de la emblemática pulpería La Tranca, dialogó con LU24 para relatar cómo transformó su propio hogar en un espacio multifacético que hoy funciona como boliche de campo, taller de arte y archivo histórico del pueblo.

La historia de Mercedes con este rincón bonaerense comenzó a sus dos años, cuando su familia decidió establecerse allí luego de que su madre se negara a trasladarse al norte del país tras el cierre de una plantación de esencias para perfumes donde trabajaba su padre. Criada junto a sus nueve hermanos a la vuelta de lo que hoy es su propiedad, Mercedes recuerda con nostalgia aquel antiguo almacén donde los trabajadores del pueblo realizaban sus compras “con libreta” a fin de mes. Tras formarse en Bellas Artes en Buenos Aires, regresó para adquirir primero una estructura inconclusa y, años más tarde, la otra mitad del edificio, logrando finalmente reunificar el boliche de su infancia.

La reconstrucción de La Tranca ha sido un proceso casi arqueológico. Aunque al momento de la compra no quedaban objetos originales, las paredes mismas comenzaron a contar su historia a través de las capas de pintura que Mercedes fue descubriendo. Los pisos de madera vencidos por el tiempo no fueron descartados, sino que se transformaron en las mesas donde hoy se sirven los parroquianos, mientras que vecinos y amigos se encargaron de devolverle el alma al lugar donando botellas, latas y productos de época que habían pertenecido al antiguo comercio.

Actualmente, el sitio mantiene una dinámica particular: durante la semana es la vivienda y el taller de Mercedes, pero los viernes al atardecer abre sus puertas como pulpería. La agenda cultural es intensa y variada, incluyendo cenas con amigos una vez al mes y patios de danza folklórica cada quince días, donde el baile se mezcla con el mate. Además, el espacio alberga un archivo de historias orales y escritas que busca preservar la memoria de una localidad que, aunque ha sumado casas de fin de semana en sus 48 manzanas, lucha por mantener una población estable.

La Tranca no es solo un comercio, sino un testimonio vivo de la ruralidad bonaerense. Entre anécdotas de visitas ilustres —como las largas noches de guitarra junto a Ricardo Iorio— y campeonatos de taba, el lugar se consolida como un punto de encuentro donde el pasado y el presente conviven bajo el mismo techo de chapa.