(audio) Los chicos de Añatuya, con inmensa alegría en Reta
Lo que para muchos es una rutina de verano, para los niños del Hogar-Refugio Madre Teresa de Calcuta de Añatuya fue la aventura de sus vidas. Micaela Garat, asistente regional de la institución, relató con emoción en dialogo con LU24 los detalles de una travesía que unió el corazón de Santiago del Estero con la costa tresarroyense.

Un viaje de descubrimiento
El contingente, compuesto por 12 niños —muchos de ellos en situaciones de vulnerabilidad y bajo procesos judiciales—, llegó a la localidad de Reta tras un viaje de más de 20 horas. La logística, que Garat calificó como “un gran esfuerzo de equipo”, incluyó paradas estratégicas en Saladillo y Tapalqué, donde los municipios locales brindaron alojamiento para que el trayecto fuera más ameno.
Una vez en el Campamento Ambrosius, la rutina se transformó en asombro. “Cada cosa era un descubrimiento nuevo”, explicó Garat. Las actividades no solo incluyeron el contacto directo con el mar, sino también el disfrute de las pequeñas cosas: buscar caracoles, jugar con las mascotas del predio, armar castillos en la arena y deslizarse por los médanos gigantes de la zona.
La felicidad en los pequeños detalles
Más allá del paisaje, lo que Micaela destacó fue el impacto emocional en los chicos. Durante el viaje de regreso, al ser consultados sobre qué fue lo que más les gustó, las respuestas sorprendieron a los adultos: “Me hablaban de los perritos y gatitos del campamento, de hacer pulseritas o jugar a las cartas”.
Garat subrayó que el objetivo de Haciendo Camino no era solo el traslado, sino brindarles un espacio de paz y alegría cotidiana. “Poder haber sido testigo de esa felicidad fue increíble. Se notaba la alegría en sus caras”, afirmó.
Solidaridad en red
La travesía no hubiera sido posible sin la colaboración de diversas instituciones y particulares. Desde nuestra emisora, se destacó el orgullo de haber acompañado la difusión de esta “cruzada”. Garat aprovechó el espacio para agradecer profundamente a:
La familia del Campamento Ambrosius por su hospitalidad.
Los vecinos de Tres Arroyos que acercaron donaciones.
Los equipos de voluntarios en Añatuya que trabajaron meses antes del lunes 12 de enero para concretar el viaje.
El regreso de los niños a Santiago del Estero marca el cierre de unas vacaciones inolvidables, pero deja abierta la puerta a futuros encuentros donde la solidaridad acorte las distancias geográficas y sociales.