(audio) “Tuki”: las medialunas tucumanas que conquistaron Australia
Los tucumanos, Lourdes Abboud y Mauro Cardoselli crearon en Sídney una marca de medialunas argentinas que ya llegó a una de las revistas gastronómicas más importantes del país oceánico. “Eso también es Tuki para nosotros: la felicidad de reunirnos con tantos argentinos a través de esto”.

Lourdes Abboud y Mauro Cardoselli son una pareja de tucumanos que viven en el país oceánico desde hace algunos años. Ella, arquitecta y diseñadora en una marca de maquillaje; él, abogado y encargado de mantenimiento en un hotel cuatro estrellas. Pero, como suele ocurrir, un día su rutina cambió por completo cuando crearon Tuki, una marca de medialunas argentinas elaboradas por tucumanos en la otra punta del mundo.
Lourdes relató cómo comenzó el proyecto: “Tuki nace porque encontramos una necesidad. Aunque hay muchísimos argentinos viviendo aquí, desde que llegamos no pudimos encontrar un lugar que hiciera buenas medialunas en Sídney. Así que empezamos haciéndolas para nosotros y, después, para reuniones con amigos. Quedaron encantados y nunca faltaba el comentario de ‘deberían venderlas’”. Siempre nos gustó emprender. Vimos la oportunidad y dijimos: ‘hagámoslo’. Durante un año sabíamos que queríamos iniciar con las medialunas, y hace unos meses nos mudamos a una casa más grande, lo que nos permitió dar forma al emprendimiento. Siempre repetimos que, si íbamos a hacerlo, debía ser con excelencia, buscando ser los mejores. Por eso nos capacitamos, realizamos distintos cursos de laminados, ajustamos la receta y encontramos proveedores de calidad”.
La joven arquitecta explicó: “el proceso fue increíble, todo sucedió muy rápido. Al principio fue agotador. Pensábamos que íbamos a vender cinco docenas por semana y, solo en la primera, entre conocidos, vendimos veinte. Aprendimos todo sobre la marcha: conseguir el packaging, crear el logo en una noche, debatir con amigos un nombre que sonara argentino, relajado y fácil de pronunciar para los australianos. Nos divertimos muchísimo con Tuki y lo disfrutamos un montón”.
“Más allá de construir una base sólida con un producto excelente, hicimos un buen trabajo de marketing. El primer fin de semana que salimos a vender se nos ocurrió ir a la playa a regalar medialunas y generar contenido. Caminamos con un cartel en español que decía ‘medialunas gratis’, porque queríamos atraer especialmente al público argentino —y también chileno y uruguayo—. ¡La gente se re copó! Nos veían con el cartel sin entender nada, y cuando lo leían nos decían: ‘¡No! ¿Es en serio?’. Nos llamaban para que nos acerquemos, nos felicitaban y se prestaban para que grabáramos su reacción al probar una Tuki. Ese video fue el inicio de todo. Nos fue muy bien: empezaron a seguirnos y comprarnos muchísimas personas. Los de la playa les contaron a sus amigos y la voz se corrió rápido entre los argentinos en Sídney. Algo que ayudó mucho fue que, al confiar en nuestro producto, desde el primer momento mostramos nuestras caras, hablamos frente a cámara y compartimos nuestros procesos. Creo que al argentino le gusta eso: conocer a la persona y la historia detrás de lo que compra. Eso generó confianza y deseo”.
Pero el furor de Tuki no terminó ahí. Una editora de la revista Broadsheet se enamoró del producto y lo plasmó en una nota que recorrió el mundo y llegó hasta Tucumán.
“La editora nos contactó (de la nada, jaja). Nos contó que una de sus mejores amigas se casó con un argentino en Buenos Aires; viajó, y allí nació su amor por las medialunas. Probó las nuestras y le encantaron. Nos dijo que no podía creer que en Sídney hubiera medialunas más ricas que las de Buenos Aires. Nos hizo muchas preguntas y nos dimos cuenta de que realmente sabía de panadería argentina. Además, le gustó nuestro contenido y la onda de Tuki. La revista es una de las más conocidas en gastronomía, así que al principio estábamos escépticos. No le contamos a nadie hasta que salió la nota, porque no queríamos ilusionarnos. Publicaron una nota dedicada solo a nuestras medialunas. El día de la publicación nos explotó el Instagram: nos abrió las puertas al público local. Ese mismo día ganamos 300 seguidores australianos y empezamos a venderles nuestras medialunas. Nos dio una satisfacción enorme, porque era algo que pensábamos lograr recién con el tiempo”.
“Los que prueban las medialunas nos agradecen. Se repite mucho la frase ‘me hicieron sentir por un momento en Argentina de nuevo’, y eso nos fascina, porque el gusto está ligado a la emoción. Es una forma de llenar un poco el sentimiento de extrañeza por nuestro país, ya que la medialuna forma parte de nuestras costumbres. Nos compran no solo para ellos, sino para compartir, que es algo tan nuestro: ‘Ahora me junto a tomar unos mates con amigos y llevo’, o ‘llevo para mi trabajo así todos prueban’. Es mucho más que vender un simple producto; sentimos que traemos un pedacito de Argentina a este país. La energía que nos devuelve la gente es lo más lindo de este camino. Sentimos que vendemos felicidad, hogar. Lo mismo ocurre con los uruguayos, chilenos y personas de otros países que las prueban: comprueban que no tienen nada que ver con un croissant, nos felicitan y vuelven a comprar”, finalizó Lourdes.