(audio) Una mochila, camisetas de Messi y una misión: la hazaña de un sanjuanino en EEUU
Hace cuatro años convirtió una simple pasión futbolera en una auténtica hazaña mundialista: en Qatar logró reunir las camisetas de todas las selecciones participantes en apenas 12 días. Ahora, Juan Pablo Serdoch vuelve a la carga con un desafío todavía más ambicioso. Viajó solo a Estados Unidos, con 60 camisetas de Lionel Messi como moneda de cambio y sin un itinerario definido, dispuesto a seguir el pulso del Mundial en busca de hinchas de todos los rincones del planeta y de esas casacas difíciles de encontrar que para cualquier coleccionista valen oro.
La historia comenzó mucho antes de esta Copa del Mundo. En la previa de Rusia 2018, mientras organizaba su viaje para alentar a la Selección Argentina, se preguntó cómo podía vivir el torneo de una manera diferente. La respuesta surgió de una costumbre tan antigua como el propio fútbol: el intercambio. Así nació la idea de llevar camisetas argentinas para cambiarlas por las de otros países.
Aquella primera experiencia fue un éxito. Viajó con 31 camisetas y logró intercambiar 24. Sin embargo, la aventura dejó una sensación pendiente: todavía había selecciones que no había podido conseguir.
Por eso en Qatar 2022 redobló la apuesta. Junto a su hermano Gustavo llevó más de 40 camisetas argentinas y terminó protagonizando una verdadera maratón mundialista. En apenas 12 días logró reunir las camisetas de las 32 selecciones participantes, además de concretar intercambios con hinchas de países que ni siquiera habían clasificado al torneo. En total realizó 48 cambios y completó una colección que parecía imposible.
Con ese antecedente, la pregunta era inevitable: ¿qué hacer después de haber alcanzado el objetivo máximo? “Al haber conseguido todo el objetivo en Qatar, ¿cómo no vamos a intentarlo otra vez?”, se planteó antes de partir hacia Estados Unidos.
Esta vez el reto es mucho más complejo. El Mundial cuenta con 48 selecciones y las sedes están distribuidas a lo largo de enormes distancias. A diferencia de Qatar, donde miles de hinchas convivían en un territorio relativamente pequeño, ahora los fanáticos están repartidos por distintas ciudades y estados.
Por eso decidió viajar con 60 camisetas de Lionel Messi. Todas iguales. Todas pensadas para el intercambio. “Lo que buscan es Messi, Messi y Messi”, cuenta. La experiencia le enseñó que la camiseta del capitán argentino funciona como una llave universal capaz de abrir conversaciones con hinchas de cualquier nacionalidad.
A diferencia de otros viajeros que organizan cada detalle con meses de anticipación, Serdoch eligió otro camino. Llegó a Miami, ciudad que considera uno de los grandes puntos de encuentro de los fanáticos latinoamericanos, y desde allí comenzará a seguir a la Selección Argentina. Después de los partidos en Kansas y Dallas, su recorrido dependerá de las oportunidades que aparezcan. “Voy sin plan. Según lo que vaya consiguiendo, iré modificando la estrategia sobre la marcha”, explica.
La logística también forma parte del desafío. Algunas camisetas las llevó desde Argentina y otras fueron enviadas desde China rumbo a Estados Unidos, con el objetivo de facilitar el traslado. Lejos de cargar una enorme valija por las calles mundialistas, se mueve con una mochila y apenas unas pocas camisetas por día. “Cargo cuatro, cinco o diez camisetas y salgo. Después voy reponiendo según lo que necesite y hacia dónde me toque moverme”, detalla.
Aunque cualquier intercambio es bienvenido, tiene claro cuáles serán sus principales objetivos. Más que las camisetas de las potencias tradicionales, busca aquellas que podrían convertirse en verdaderas rarezas con el paso de los años. Entre sus prioridades aparecen selecciones como Uzbekistán, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Cabo Verde o Congo, países que no suelen tener presencia constante en los mundiales y cuyas camisetas podrían transformarse en piezas muy difíciles de conseguir en el futuro.
La aventura recién comienza. No sabe cuántas camisetas logrará intercambiar ni cuántas selecciones podrá sumar a su colección. Tampoco sabe cuántos kilómetros terminará recorriendo. Lo único seguro es que volverá a hacerlo como empezó hace ocho años: con una mochila al hombro, una camiseta de Messi en la mano y la convicción de que el Mundial también se juega en las calles, entre abrazos, fotos y encuentros con hinchas de todo el planeta.