¿Batman en Tres Arroyos?- escribe: Omar Eduardo Alonso
Hace algún tiempo se publicaba en el diario local una nota donde se especulaba sobre la posibilidad de que Martín Fierro hubiera sido tresarroyense. Muy interesante, por cierto, con argumentaciones inteligentes.
Pero siguiendo esa línea de argumentos especulativos, cabría preguntarse si Batman también lo fue. Y si no lo fue, es seguro que tuvo algún imitador.

Pero hablando del célebre personaje aparecido en los comics en 1939, debe recordarse que fue precedido con suerte fatal por Franz Reichelt, un sastre de origen austríaco que resolvió imitar el vuelo de un murciélago.
Para ello se fabricó una capa que pesaba 70 kilos con la cual pretendió planear lanzándose desde la torre Eiffel a 52 metros de altura.
Ello sucedió el 4 de febrero de 1912 y el sastre tenía 33 años al momento de fracasar y morir.
La capa tenía forma de murciélago y previamente la había probado con un maniquí que también se había estrellado.
Posteriormente, en 1911, hizo un ensayo propio y se lanzó desde unos 8 metros con una capa realizada en seda y sostenida con varillas y caucho. Se rompió una pierna.
Esto no hizo declinar el proyecto, pues consideró que la falla de la prueba era porque no podía abrir sus brazos para desplegar las alas en una distancia tan pequeña.
El convencimiento lo llevaría a la muerte.
Émulo
La historia tiene su correlato en nuestro pago chico.
Quizás, y es solo especulación, en la década del 50/60 ya se exhibieran algunas películas de Batman en las matinés del Cine Americano, muy frecuentadas por los chicos de la ciudad los domingos a las 13.
Generalmente se pasaban series de cowboys o de aventuras que mayormente continuaban cada semana con lo cual prácticamente “obligaban” a concurrir para no perder el hilo de la trama.
No puedo asegurar que Batman estuviera presente, pero es probable.
Como tampoco puedo asegurar que fuera este personaje el que inspiró a uno de esos chicos para que intentara “volar”.
El suceso ocurrió en el barrio de la Plaza El árbol, hoy Pellegrini.
El niño era blanco de discriminación por su tamaño y obesidad, cuestiones ambas que hoy podrían considerarse frecuentes.
No era partícipe de los juegos de la barra infantil del barrio y pertenecía a una familia de las tantas del sector con un modesto pasar pero de una honestidad propia de gente trabajadora.
Lo cierto es que el jovencito tuvo la idea de emular a las aves, o a los murciélagos, si se prefiere.
Como se elaboraban los barriletes por entonces (hoy se venden ya fabricados anulando cualquier imaginación) con cañas, hilo y engrudo, resolvió fabricarse un par de alas.
Utilizó, en lugar de papel, bolsas de arpillera, muy populares en aquellos tiempos.
Concluido el trabajo resolvió “volar”.
Subió al techo de su vivienda y se arrojó.
No alcanzó ni siquiera a aletear cuando su cuerpo dio contra el suelo. Sin consecuencias como no fuera su propia decepción.
Desconozco si insistió en el ensayo, pero sin dudas el mismo quedó en el anecdotario de no pocos vecinos del lugar.
El fallido Batman creció, corpulento y fue un hombre trabajador, formó familia y contribuyó como la mayoría con el desarrollo de nuestra ciudad desde su modesta actividad.
La próxima semana algunos fotógrafos de la historia lugareña.
Año 4-Nota 170
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