Buenas señales macro y una palabra que inquieta: Estanflación
*Por Contador Carlos Ordóñez
El dólar por debajo de los 1.400 pesos, el Banco Central comprando más de 2.400 millones de dólares, el riesgo país acercándose a los 500 puntos y la expectativa —todavía incipiente— de volver a los mercados internacionales. A eso se suma la aprobación de una reforma laboral que durante años fue políticamente imposible.
Si uno mira solo estos indicadores, el arranque del año es, para el Gobierno, claramente favorable. La inflación dejó de ser el único eje de la discusión y el orden macroeconómico aparece como un activo central. Sin embargo, al trasladar el análisis a la economía real, empiezan a aparecer las advertencias.
El empleo registrado muestra una caída significativa: desde fines de 2023 se perdieron alrededor de 185.000 puestos privados, a lo que se suma una reducción estimada de entre 70.000 y 80.000 empleos públicos. Industria, comercio y construcción siguen sin consolidar una recuperación sostenida.
La actividad económica presenta movimientos irregulares, con rebotes puntuales que no logran transformarse en crecimiento firme, mientras el consumo continúa débil y los salarios reales avanzan con dificultad.
En este contexto, varios economistas advierten sobre el riesgo de estanflación, un escenario en el que conviven inflación persistente, estancamiento económico y caída del empleo.
El desafío para el Gobierno de Javier Milei no es solo macroeconómico, es social y cotidiano. Porque mientras los indicadores financieros muestran orden y estabilidad, la gente no vive de la macroeconomía.
El ciudadano de a pie no mira el riesgo país ni las compras del Banco Central.
Mira si consigue trabajo.
Mira si el sueldo le alcanza.
Mira el changuito del supermercado, que cada mes pesa menos y cuesta más.
Y ahí aparece la verdadera tensión del modelo: si el orden macro no se transforma en más empleo, más actividad y más poder de compra, la sensación en la calle no será de estabilidad, sino de estancamiento.
Ese es el riesgo de fondo: una economía prolija en los números, pero que no logra mejorar la vida cotidiana de la mayoría.