Cantar la Violeta” – Escribe: Omar Eduardo Alonso

3 noviembre, 2024

Cantar la Violeta” – Escribe: Omar Eduardo Alonso

El dicho ha quedado en el olvido, pero hace varias décadas era muy común escucharlo como recurso de algunos tresarroyenses.
El juego clandestino de quiniela tenía su esplendor y todavía no se habían instrumentado las alternativas con la intervención oficial, hoy tan difundidas.
Se basaba en la confianza de los apostadores para con el levantador y el banquero y fue generador de cientos de empleos, significando el sostén de no pocas familias.

Contaba con el guiño oficial para el funcionamiento. Los taqueros o comisarios recibían su parte y muchas reuniones políticas eran financiadas desde el juego clandestino.
Pero no podía ignorarse la existencia de un código contravencional manejado discrecionalmente por la policía que aplicaba el rubro “vagancia” a quienes no justificaban ocupación. Y los quinieleros no podían.

En ese contexto, marcó una época la señora Violeta.
Todos la conocían como Violeta Arias, pero su identidad propia era Violeta Seoane.
Arias era el apellido de su marido, hermano del legendario payador lugareño Constantino Arias, “Catino”, sobre quien me refiriera en una crónica publicada no hace mucho tiempo.
Fue una banquera con gran predicamento y muy respetada desde todos los sectores.
No fueron pocos los caídos en desgracia que lograron resolver sus problemas, de cualquier naturaleza, con la intervención de esta mujer.

Todo estaba convenido: la policía detenía de vez en cuando a algún pasador de quiniela el que era “guardado” en la comisaría y se lo asignaba a cebar mate o barrer las dependencias, además de charlar animadamente con los policías.
La misma banquera señalaba a quien le tocaba el turno de “cumplir con la ley”.
Después de todo, estaban del mismo lado del negocio.
De esa forma la autoridad justificaba su lucha contra el juego ilegal.

Los pasadores “cantaban la Violeta”, es decir la pertenencia al sistema clandestino, con lo cual tenían inmediata asistencia legal a través de un estudio jurídico ubicado a corta distancia de la comisaría.

Un idóneo, de apellido Ponce, era el encargado de cuidar ese costado legal para con los pasadores detenidos quienes, cumplida la rutina, continuaban con la actividad.
Era, entonces, frecuente escuchar decir que “hay que cantar la Violeta”, como manera de expresar que se contaba o que había que buscar la protección de la famosa dama banquera.

Año 5-Nota 231
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