Cuidar la mirada de nuestros mayores: ¿Qué es la maculopatía seca y cómo detectarla a tiempo?
Cuando cumplimos años, es natural prestarle atención a la salud del corazón o de las articulaciones, pero muchas veces olvidamos un tejido vital y sumamente delicado: la mácula. La mácula es una pequeña zona en el centro de la retina que nos permite ver los detalles con nitidez, reconocer los rostros de nuestros seres queridos, leer el diario o manejar por la ciudad.
Cuando esta zona se deteriora, hablamos de maculopatía o Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE). Se trata de una condición crónica que se divide en dos tipos. Hoy hablaremos de la forma más frecuente: la maculopatía seca.
¿A quiénes afecta? Edad, sexo y estadísticas
La maculopatía no distingue fronteras, pero tiene preferencias muy claras:
La edad es el factor clave: Su incidencia se dispara notablemente a partir de los 60 a 65 años, y el riesgo aumenta con cada década de vida.
¿En qué sexo predomina?:
Estadísticamente, afecta con mayor frecuencia a las mujeres, en parte debido a su mayor expectativa de vida.
Geografía e incidencia: A nivel mundial, es más prevalente en países con poblaciones de avanzada edad o con fuerte ascendencia europea (como es el caso de Argentina y, particularmente, comunidades como Tres Arroyos con un gran arraigo de descendencia italiana, española, danesa o alemana). Representa cerca del 85% al 90% de todos los casos de maculopatía.
¿Qué pasa dentro del ojo? (Fisiopatología y Síntomas)
Para entender la maculopatía seca, imaginemos que la retina tiene su propio “sistema de limpieza”. Con los años, en algunas personas este sistema se vuelve menos eficiente. Como consecuencia, se empiezan a acumular desechos metabólicos celulares debajo de la retina. Médicamente, estos depósitos amarillentos se conocen como drusas.
A medida que las drusas crecen y se multiplican, la mácula se va atrofiando (se vuelve más delgada y pierde células), interfiriendo con la llegada de nutrientes.
¿Qué siente el paciente?
El proceso es lento y progresivo. Al principio, es posible que no se note nada. Con el tiempo, aparecen los primeros signos:
– Necesidad de más luz para leer o hacer tareas de cerca.
– Una leve visión borrosa en el centro de la mirada.
– Dificultad para reconocer rostros a la distancia, aunque la visión de los costados (periférica) se mantiene intacta.
El diagnóstico: Herramientas en el consultorio y en casa
Bajo los lineamientos de la AAO (asociación americana de oftalmología) y el CAO (consejo argentino de oftalmología), el diagnóstico temprano cambia el futuro de la enfermedad. En el consultorio lo detectamos mediante un examen de fondo de ojo con dilatación pupilar y estudios de alta tecnología como la OCT (Tomografía de Coherencia Óptica), que nos permite ver las capas de la retina como si fuera un corte microscópico.
Sin embargo, hay una herramienta fundamental de prevención que el paciente puede usar en su casa: la Rejilla de Amsler. Es un cuadro cuadriculado con un punto en el centro. Si al mirarlo fijamente (tapándose un ojo a la vez) las líneas rectas se ven onduladas, deformadas o aparece una mancha oscura, es una señal de alerta inmediata para consultar al oftalmólogo.
Tratamientos actuales y el futuro prometedor
Hoy en día, la maculopatía seca no tiene una cura que revierta la atrofia, pero sí herramientas efectivas para frenarla:
Suplementos antioxidantes (Fórmula AREDS 2): Basado en estudios científicos rigurosos de la AAO, el uso de vitaminas específicas (C, E, Zinc, Cobre, Luteína y Zeaxantina) reduce significativamente el riesgo de que la enfermedad avance a etapas severas.
Estilos de vida: Dejar el hábito de fumar (el tabaquismo duplica el riesgo de maculopatía), controlar la presión arterial y usar anteojos con protección UV al salir a la calle.
¿Qué hay en estudio?: El campo científico está avanzando a pasos agigantados. Actualmente, se están investigando terapias biológicas dirigidas a frenar el sistema del “complemento” (responsable de la inflamación y muerte celular en la retina), tratamientos con células madre para regenerar el tejido atrofiado y terapias génicas. Son opciones muy prometedoras que ya están en fases avanzadas de investigación clínica a nivel mundial.
Próximo martes (Parte 2): Abordaremos la maculopatía húmeda, una variante menos común pero mucho más agresiva y rápida, y cómo los tratamientos actuales logran cambiar drásticamente su pronóstico. Los espero el próximo martes para completar este tema fundamental para la salud visual.
Dra. Sofía Ambrosetto – Médica Cirujana Oftalmóloga