El arte a resguardo
Escribe: Omar Eduardo Alonso
Desde horas atrás se encuentra en resguardo del Museo Municipal una obra escultórica de la artista Andrea Moch y que permanecía desde hace muchas décadas en la lápida del asesinado periodista vasco Evaristo Bozas Urrutia.
Se dio cumplimiento a una gestión conjunta del grupo de turismo rural Dejando Huellas y del Centro Vasco, para preservar lo que, con seguridad, es una de las pocas obras de la mencionada artista que pueden detectarse en el mundo.
Como consecuencia del concepto precedente, puede suponerse que dicha escultura tiene un valor artístico considerable, como así también quizás un valor pecuniario en el mundo del arte.
Sería falsa modestia decir que nada tuve que ver al respecto.
Lo concreto es que muchos años atrás investigué algunos aspectos de la vida del mencionado periodista asesinado y que plasmé en una crónica al respecto.
No mucho tiempo atrás y con motivo de una charla a la que fui invitado por las instituciones mencionadas y que titulé “Periodismo a lo vasco”, es que me detuve en algunos detalles.
Recuerdo que en esa charla hablé del mencionado Bozas Urrutia y de Juan Aranguren, este último también vasco y que ocupó la dirección del diario La Voz del Pueblo y fue el primer director del diario La Hora.
En ese proceso de búsqueda de detalles, me detuve en una crónica del periódico La Baskonia donde se daba cuenta de un acto en la tumba del periodista en que se descubrió lo que califica de escultura aunque en la actualidad calificaríamos de una placa, especial pero placa al fin.
Se menciona allí a la autora de la misma, Andrea Moch.
Francesa, pero vasca
Mi curiosidad me llevó a rastrear detalles de la obra de Moch y de su vida.
Ello me permitió establecer contactos con una persona que estudió al respecto, que es especialista e investigadora de arte.
De tal modo me enteré que Andrée Moch (Andrea) nació en París; que se radicó en el país vasco con el cual se mimetizó; que era pintora, escultora, ilustradora, etc., con reconocimiento mundial.
Que luego estuvo en Buenos Aires y trabajó estrechamente con el periódico La Baskonia, siendo este el que propició el homenaje que desembocó en la colocación de la escultura.
Todo esto está narrado en la crónica de ese momento de dicho periódico, típica de la época, y muy lacrimosa por cierto.
Lo concreto es que casi toda la obra de esta artista, que recorrió y plasmó en sus trabajos muchos aspectos de la Argentina, se perdió, vaya a saber por qué razones.
La escultura local sería una de dos trabajos que se han podido localizar, con lo cual puede inferirse el valor que tiene.
Moch murió en 1953 y entiendo que su última radicación fue en Formosa.
La crónica de La Baskonia no menciona sí estuvo en el acto del descubrimiento aquí.
La gestión
Expuesta por mí la cuestión en la mencionada charla, Dejando Huellas y el Centro Vasco decidieron solicitar que la tumba de Bozas Urrutia fuera declarada patrimonio histórico municipal y se retirara la escultura para su preservación.
El trabajo de Moch ya se encuentra en el Museo Municipal tras un cuidadoso trabajo realizado por el personal del cementerio Municipal a cargo de Fabián Espinoza, para evitar daños eventuales.
Se dispondrá su colocación en un lugar del museo, se repondrá la forma de la lápida original y se mejorará en lo posible la tumba.
Se ha convenido colocar una placa alternativa que incluya la foto del periodista asesinado y donde se consigna que la escultura original podrá apreciarse en el Museo municipal.
Más allá de lo estrictamente personal, que me involucra en este caso, es importante destacar la gestión de Dejando Huellas y el Centro Vasco, además de la predisposición del gobierno municipal, incluyendo a los concejales de todos los bloques, para dar curso a la preservación de esta manifestación del arte.
Está a consideración la posibilidad de que, cuando se organice los aspectos funcionales de la cuestión, se invite a la especialista Georgina Gluzman, egresada de la UBA e investigadora del CONICET, para que realice una charla en Tres Arroyos.