El avance alemán

1 mayo, 2021

El avance alemán

Un periodista histórico, amigo cercano, me dijo no hace mucho tiempo palabras más o menos: “nunca hubiera pensado que en Tres Arroyos se enarbolara la bandera alemana”.
FUTUROCORTO
Se refería, claro, a la imagen de la bandera germana ondeando sobre el Frigorífico Anselmo, luego de la última operación de traspaso con la que aparentemente se ha recuperado ese histórico emprendimiento. (foto)

Al comentario de este maestro periodista, hoy de 91 años, podría añadirse que, sin embargo, no es el único ni el primero de los emprendimientos del distrito que se forjaron con la intervención de alemanes.

Y fue el primero y por mucho tiempo el único establecimiento dedicado a la producción orgánica de manera integral.

Me estoy refiriendo al establecimiento Santa Elena, ubicado por la zona de Lin Calel.

Allí se inicia un proceso que se desarrolla hasta dar sustento a un emprendimiento industrial panadero ideado y puesto en marcha por un matrimonio alemán y que ha tenido un desarrollo considerable de la mano de sus descendientes y/o seguidores.

Un poco de historia

Era noviembre de 1992. El que escribe editaba un modestísimo periódico, de confección artesanal, que se llamó NUESTRA Sociedad.

Una razón fortuita hizo que hubiera un contacto con una joven tresarroyense que estudiaba periodismo en Buenos Aires, Erica Gagna.

Tenía detalles del trabajo que se realizaba en el campo Santa Elena de la mano del ingeniero Ronny Kuhlman, generando trigo orgánico con destino al establecimiento Haus Brot, y flotaba la posibilidad de visitarlo en su emplazamiento de San Isidro.

La interesamos a Erica, quien estuvo en el lugar y generó una crónica oportunamente publicada. Entre otras cosas decía:

“Marcos y Añusca Schneides poseen una panadería frente al Hipódromo de San Isidro. Lugar que a simple vista no es más que un imponente edificio con ladrillos a la vista y canteros llenos de flores, donde se observa la continua visita de clientes y consumidores.

Sin embargo, allí se amasa y cocina un sueño que desde hace 20 años es realidad: llevar a la gente un producto desde la semilla, es decir un pan sano desde la materia prima.

La iniciativa fue generada por la anemia congénita que padecía Añusca, incentivando estudios sobre cuestiones de la alimentación.

El proceso realizado a campo implica que no se usen fertilizantes de síntesis, no se usan herbicidas, insecticidas y fungicidas ni ninguna sustancia química.

El trigo se traslada mensualmente y se guarda en dos silos de gran capacidad. La molienda se hace diariamente y la elaboración del pan con harina integral se hace con no más de 48 horas.

Se utilizan tres molinos de piedra granítica traídos de Europa, específicamente de Austria.

El proceso de elaboración se hace meticulosamente con la aplicación de elementos naturales.

Los conceptos precedentes se corresponden con los datos de aquella época. Ingresar vía Internet a los detalles de la industria permite ver un gran desarrollo al día de hoy.

Fue en setiembre de 1989 cuando en entrevista para el periódico mencionado al principio, el ingeniero Kuhlman daba a conocer el trabajo que se hacía en el campo Santa Elena, que precedió a la apertura de la panadería de la calle Diego Carma 621, en San Isidro.

Se aseguraba así la producción de trigo y centeno para molienda, de forma natural, surgida del campo de 1400 hectáreas, lindante con el arroyo Claromecó.

El proceso se iniciaba con el trabajo ganadero con vacas de cría, alta carga por hectárea y pastoreo rotativo. También se ensayaba riego artificial tomando directamente agua del arroyo.

El ingeniero Kuhlman se retiró de esta actividad y fue continuada por el ingeniero Diego Fontenla, quien también en una entrevista marcaba un sostenido desarrollo del emprendimiento y el reconocimiento logrado en distintos encuentros específicos de producción orgánica.

Haus Brot

Hoy parece ser más evidente la presencia de esta empresa en Tres Arroyos a juzgar por la circulación por nuestras calles de una camioneta con la inscripción correspondiente en sus laterales. (foto)

Simultáneamente permite reflexionar sobre la gran participación de los alemanes en la industria panadera.

Así se indica en el libro “Cuando caí del cielo” de Juliane Koepcke, en el que relata su supervivencia en la zona amazónica cuando fue la única que se salvó de un accidente de aviación cuando tenía 16 años. Esto sucedió en 1971 y concitó la atención mundial. (foto de la tapa del libro tomada junto a parte de los restos del avión)

Es un relato apasionante que recomiendo, donde cuenta que sus padres se radicaron en la selva peruana, creando la estación de investigaciones científicas de Panguana y un área de conservación privada iniciada con 186 hectáreas y luego ampliada a 700.

Lo que iniciaron sus padres fue continuado por esta mujer y sugestivamente la estructura económica fue sostenida a través de la panificadora Hofpfisterei de Alemania, permitiendo continuar la obra que iniciaran en Perú Hans Wilhelm Koepcke y su esposa María von Mikulicz Radecki.

Omar Eduardo Alonso

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