El hombre de la barra de hielo
Escribe: Omar Eduardo Alonso
En el recordado programa Titanes en el ring, se observaba a un individuo que caminaba alrededor del cuadrilátero llevando en su hombro una barra de hielo.
Fue muy popular en su momento, pero al margen del personaje y su significado, parecía querer recuperar la memoria de los antiguos mecanismos que se utilizaban para refrescar la vida de los argentinos.
Es que sería recién hacia la década del 40 cuando comenzaba a generalizarse la posibilidad de contar en los domicilios con un refrigerador o heladera de la mano de la recordaba fábrica Siam.
Podía ser eléctrica o también a querosén, en este caso muy apropiadas para el campo o lugares sin provisión de energía eléctrica.
Hasta ese tiempo se recurría, cuando se podía, a la compra de hielo en barra, generalmente de manera fraccionada y en algunos casos con entrega a domicilio.
Puede recordarse que uno de esos distribuidores era el comerciante de apellido Bolognini, que contaba con un almacén sobre calle Azcuénaga pero también tenía un carro cerrado en el cual transportaba el hielo.
En los hogares de mayor poder adquisitivo se contaba con heladeras en las que se colocaba el hielo, asegurando una más eficiente refrigeración. Eran de madera y se recurría a aserrín como material aislante
En el resto se solía colocar la barra en los fuentones de entonces y la envolvía con arpillera para evitar que se consumiera muy rápido.
Las heladeras domiciliarias aparecieron hacia 1920 en Estados Unidos y se denominaron “Frigidaire”. Para su diseño trabajaron ingenieros y técnicos de la General Motors.
Los fabricantes
Había en el tiempo mencionado y en las décadas del 50 y 60 por lo menos tres fábricas de hielo, pero su funcionamiento se remonta fines de los 20 y auge importante en la década del 30.
Una de ellas se hallaba frente al Sanatorio Policlínico; otra en calle Mitre, contra las vías del ferrocarril; y una tercera en el Mercado Alsina, ubicado en avenida Moreno y la calle hoy denominada Hipólito Irigoyen.
Es probable que existiera alguna más. Las mencionadas son las que registro en mi memoria de un tiempo en que era niño.
Es interesante observar que hacia 1933/34 existía una preocupación comunitaria por la formación de un monopolio y un aumento considerable dispuesto en el precio de la barra de hielo.
Las crónicas periodísticas de la época reflejaban la situación y reclamaban la intervención oficial para abortar una operación que concentraba en una sola empresa la posibilidad de modificar los precios.
El Mercado Adolfo Alsina
Hoy puede tenerse una idea aproximada de lo que hacia mediados de los 30 se consideraba un establecimiento de avanzada que pertenecía a Rosa L. de Groppa y Camila H. de Groppa.
Había sido inaugurado en 1929 en el edificio de planta baja y primer piso y en su esplendor tuvo 8 puestos de carnicería, 10 de frutas y verduras, dos de pescados, área de administración y una planta frigorífica y fábrica de hielo.
En la parte superior había 7 lujosos departamentos.
En la foto de época se observa que en la esquina funcionaba la Farmacia del Pueblo. También hoy sigue ocupada por una farmacia.
En la parte superior de la misma esquina se observa un cartel de “dentista”.
Vizzolini
Mucho podría contarse sobre la historia de la emblemática Fábrica de Fideos Vizzolini, de su proyección nacional e internacional, como así de su desaparición
Pero seguramente no muchos saben que también fue en su origen una fábrica de hielo.
Con ambas actividades fue fundado el establecimiento en 1887 por el señor Miguel Fossati.
En 1906 se hizo cargo de la fábrica denominada “El Progreso” el señor Luis Vizzolini.
Comenzaría así una evolución que transformaría a la misma en un ícono de la pujante industria tresarroyense.
En algún momento seguramente volveré sobre esta historia.