Fioravanti en Tres Arroyos

10 octubre, 2020 Leido: 480

Fioravanti en Tres Arroyos

No me voy a referir al famoso relator deportivo.

En cambio la fecha —10 de octubre— me pareció propicia para recordar al escultor José Fioravanti, el autor de nuestro monumento al Inmigrante.

Es que en ese día de 1977  se producía su fallecimiento en la ciudad de Buenos Aires donde había nacido en agosto de 1896, es decir cuando tenía 81 años.

Tampoco entraré en detalles en su vasta obra, que tuvo proyección internacional. Es que este artista autodidacta fue co autor del Monumento a la Bandera, y de los famosos lobos de Mar del Plata, entre otras muchas realizaciones trascendentes.

Todos estos aspectos ya fueron escritos oportunamente en artículos no muy lejanos, pero me pareció adecuado recordar no solamente lo relativo al monumento que se ubica en la naciente de la avenida San Martín, sino a su visita a Tres Arroyos antes de iniciar su ejecución.

Es que consideró imprescindible tomar contacto con la ciudad y con el emplazamiento que tendría su monumento.

La visita

Ocurría a mediados del mes de abril de 1965, y el artista era acompañado por su esposa Ludmilla Feodorovna quienes estuvieron acompañados por la Comisión Pro Monumento al Inmigrante  que presidía el doctor Eugenio Simonetti.

“El artista no debe olvidar al público, al cual se debe y a quien tiene que transmitirle su mensaje en forma noble, sin repetirse en lugares comunes”, decía en aquella oportunidad al periodismo.

Tras la llegada a la ciudad hubo reuniones con los integrantes de la Comisión para intercambiar opiniones sobre el emprendimiento y también se hizo una recorrida por distintos lugares céntricos de la ciudad para estudiar el sitio adecuado para la ubicación del monumento.

Explicaba que la escultura tendría cuatro metros de altura y la figura del inmigrante tres, con bajo relieves adicionales que muestran distintos aspectos de la actividad lugareña.

“Trataré de simbolizar algo que sea comprendido por todo el mundo, o al menos el que tenga sensibilidad para hacerlo. No hay que caer en lugares comunes porque en ese caso no se trataría de una creación.”

En ese momento reconocía que todavía no había concebido ningún proyecto definitivo, sino estudiado algunos detalles, ya que previamente era necesario documentarse, reunir algunos antecedentes y por eso-dijo-“he venido a estudiar el ambiente.”

Se anticipaba la ejecución de una maqueta que sería exhibida en ocasión del centenario del distrito, en el mes de julio siguiente.

Fioravanti y su esposa visitaron el Museo de Bellas Artes, quedando impresionados por el material allí existente y posteriormente desgranaron opiniones sobre el movimiento plástico en general, fundamentalmente en su carácter de profesor en la Escuela Superior de Bellas Artes e integrante de la Academia Nacional de Bellas Artes.

La permanencia del escultor y esposa, también artista plástica, fue por un fin de semana.

Salvo error u omisión

Antes de escribir este recordatorio, visité el monumento procurando corroborar algunos datos.

No encontré referencia alguna a su autor, sus impulsores, fecha de inauguración, etc.

Obviamente se conoce que dicha inauguración se produjo el 27 de noviembre de 1971, pero además se observa una necesidad de atención concreta que conduzca a la preservación adecuada de dicha obra.

Es que no escapa a una despreocupación generalizada para la conservación del patrimonio histórico, cuestión que ha sido perfectamente definida por especialistas del rubro y sobre lo cual haré referencia oportunamente.

 

Escribe: Omar Eduardo Alonso – [email protected]

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