La bala que dobló en la esquina: el caso de “El loco de la ruta” que tocó a Tres Arroyos

22 agosto, 2020 Leido: 843

La bala que dobló en la esquina: el caso de “El loco de la ruta” que tocó a Tres Arroyos

Podría decirse que la primera parte del título es un absurdo, aunque no tanto con la evolución tecnológica basada en la inteligencia aplicada a la muerte y la destrucción. Hoy es posible que las balas doblen y mucho más.

Pero suponiendo que aquella frase jocosa que se utilizaba cuando yo era niño y hasta adolescente, tuviera vigencia, el mismo absurdo podría aplicarse con el famoso caso de El loco de la ruta, que no pudieron o no quisieron resolver no solo policías y jueces nacionales sino también el FBI y los investigadores de la Sureté francesa. (La foto fue tapa del diario La Capital de Mar del Plata y muestra a personal policial al lado del cuerpo de una de las víctimas)

Hace algunos días se publicó un interesante artículo recordando este triste episodio de la vida criminal argentina titulando “ritos macabros, zonas rojas y el enigma del Loco de la ruta”.

Se reproducen en dicha crónica opiniones de especialistas muy prestigiosos sin que se generaran definiciones concluyentes sobre un suceso que se prolongó entre 1996 y principios del 2001.

Fueron 14 las mujeres asesinadas o desaparecidas, entre ellas una tresarroyense, aunque una periodista que investigó el caso menciona hasta 50 víctimas. No voy a entrar en detalles para no remover cuestiones dolorosas que puedan afectar a familiares o amigos, pero es un dato que no se puede soslayar.

Es que el 24 de enero de 2001 apareció estrangulada y con un monedero introducido en su boca, Ana Claudia Renovell, integrante de una familia tresarroyense.

Entre los testimonios referidos hubo algunos puntos en común, como que la figura de “El loco de la ruta” fue un invento potenciado para cubrir una organización criminal de Mar del Plata.

Se admite que en al menos los primeros cinco crímenes actuó un asesino serial que cumplía con rituales determinados, sin dejar rastros, mostrando crueldad y odio a las mujeres, especialmente prostitutas. Un sujeto tenebroso.

Se duda que fuera el mismo individuo quien concretó los siguientes sucesos, creyéndose que fue una mafia policial y judicial que operaba el mercado de la prostitución la que aprovechó la circunstancia para hacer creer que siempre fue la actuación de “el loco”.

Algunos detalles

El primer caso se produjo el primero de julio de 1996 cuando a la vera de la ruta 226 apareció el cuerpo desnudo de Adriana Jacqueline Fernández, una artesana uruguaya de 27 años.

La siguieron María Esther Amaro, de 35 años, aparecida el 11 de noviembre; Viviana Spinola, una prostituta de 26 años, aparecida el primero de enero de 1997; Mariela Giménez, de 28 años; y María del Carmen Leguizamón, de 25 años, cuyo cuerpo apareció el 20 de octubre de 1998.

Con algún elemento cortante les grababa la palabra “puta”, en el cuerpo.

Además de los asesinatos se produjeron desapariciones de mujeres, generalmente vinculadas a los circuitos marginales de la prostitución en Mar del Plata (aunque no necesariamente), protegidos por sectores policiales y judiciales.

Entre ellas Ana Nores, Patricia Prieto, Silvana Caraballo, Jacqueline Romero, Verónica Chaves, Mirta Bordón, Sandra Villanueva, Mercedes Almaraz y Fernanda Varón.

Hubo un imputado vinculado con el ambiente que menciono al que se le probaron solamente dos hechos.

El absurdo

Volviendo al absurdo del viejo e ingenuo chiste de antaño de la bala que dobló en la esquina, también fue un absurdo el tratamiento que el tema tuvo en aquel tiempo.

El periodismo tuvo mucho que ver en el tratamiento superficial de una grave cuestión, contribuyendo a desviar o diluir cualquier investigación seria y favoreciendo intereses de los involucrados para que así ocurriera.

Nadie lloraba por las mujeres muertas.

El fotógrafo de un diario marplatense tuvo una idea: llevó un ramo de flores y lo colocó donde había sido encontrado el cuerpo de una de las víctimas. Tomó una foto que ilustró un título como “Misteriosa ofrenda en memoria de…….”.

Era una lamentable práctica de un medio gráfico de entonces que recurría a golpes de efecto en cuestiones criminales especialmente, potenciando el morbo de los consumidores y que, incluso, tuvo una corresponsalía en Tres Arroyos.

Ese medio implementó la práctica de pagar a los chóferes de las ambulancias por las fotos que pudieran tomar en los lugares y personas involucradas en hechos policiales. También les suministraba las cámaras fotográficas (por entonces no se contaba con los celulares).

Como se ve, cualquier cosa pudo pasar en este caso que conmovió al país y tuvo correlato también en Tres Arroyos. Incluso no se puede descartar que fuera “El loco de la ruta” quien disparara la bala que dobló en la esquina.

Escribe: Omar Eduardo Alonso – [email protected]

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