“La confianza mata al hombre”

29 agosto, 2020 Leido: 4210

“La confianza mata al hombre”

Nunca mejor aplicado aquel viejo dicho cuando se trata de latrocinios de guante blanco, algunos de los cuales voy a referir en este espacio. Habrá otros, pero esta es una selección de primera.

Se trata de sucesos históricos, muchos de cuyos detalles se perdieron en el tiempo, pero que, además, ocurrieron en contextos hoy poco imaginables.

En muchos casos, aunque no todos, las víctimas eran personas analfabetas que recurrían a escribas, idóneos leídos, abogados, contadores o escribanos para que le atendieran “los libros”, es decir toda la documentación vinculada con su patrimonio.

Quedaban sometidos a la buena fe de “los profesionales”, en los que depositaban una confianza ciega, en una actitud que hoy no se entendería demasiado.

Los relatos siguientes tienen nombres y apellidos de las víctimas y algunos datos que permiten aproximarse a los ejecutores de las maniobras o directamente son identificados.

Don José

Era propietario de numerosas propiedades, incluyendo la esquina de Rivadavia y Güemes, donde desde hace mucho tiempo funciona una compra venta. Pero incluía inmuebles diversos aledaños en la misma manzana. Varios, por no decir muchos.

José Corro había invertido allí el dinero ganado con esfuerzo durante toda su vida.

No sabía leer ni escribir. Firmaba colocando su impresión digital y había confiado sus papeles a un profesional.

Imagino la escena:

Escriba: “Don José, tiene que firmarme estos papeles para poder cumplir con tal trámite”.

Don José: sin hesitar, colocó su dedo.

A partir de ese momento dejó de tener todo su patrimonio, privando también a su familia de un respaldo futuro.

Una familia de precursores. Que tuvo que ver en la historia del Munich, del Hotel Comercio y de los servicios gastronómicos que otrora fueran de excelencia en el Ferrocarril del Sud, luego Roca

“Lo que le pasó a Reynoso”

La histórica película nacional con ese título hablaba de otra temática, pero fue un Reynoso la víctima de un latrocinio que en este caso no involucró a escriba alguno, sino a un amigo.

Cecilio Reynoso figura en el listado de primeros y prósperos vecinos de Tres Arroyos, mencionado en el libro de Salvador Romeo.

Según el testimonio de una descendiente, doña Porfilia Reynoso que este año hubiera cumplido 100 años, Cecilio tenía una casa de juegos en la calle Pedro N. Carrera, presumiblemente entre Saavedra y Pueyrredón. No eran las únicas propiedades que tenía en ese sector. Eran varias o muchas.

Lo recordó como un hombre mimado por las damas, de exquisitos gustos. Vestía camisa de seda blanca y se movilizaba en un sulky araña, un rodado de avanzada para ese tipo de vehículo y aquella época. En él se trasladaba para visitar a sus familiares con vivienda en calle Lamadrid a pocos metros de avenida Almafuerte.

No se descartaba que la casa de juegos albergara también el trabajo de algunas damas generosas para con los clientes.

Reynoso estaba casado con Blasa Pérez y no hay precisiones sobre descendientes.

Una lesión en su nariz derivó en cáncer. Viajó a la Capital Federal para su atención y nunca retornó.

Antes de partir dejó en manos de un amigo, de apellido Delgado, talabartero él, toda la documentación de sus propiedades. Los bienes se esfumaron para la familia.

No se sabe si privilegió su confianza en el amigo por sobre su mujer, o bien esta ya habría fallecido  y no había descendencia.

Una mano atrás y otra adelante

Así llegó de Dinamarca y así volvió a Dinamarca. En el medio una vida de trabajo intenso, primero como empleado y luego como propietario de campo. La consolidación de lo que hoy podríamos calificar como una fortuna que de pronto se esfumó por las desleales maniobras de profesionales de su confianza.

Martín Rasmussen y su esposa Anne Kristine Jensen(foto) llegaron al país en 1898. Se radicaron en la zona de Copetonas, primeramente trabajando en el campo de Ceferino Jensen.

Luego de 13 años de esfuerzo, compraron 860 hectáreas y al establecimiento lo bautizaron Dystrup, igual que el pueblo donde naciera Martín.

El crecimiento económico fue notable, por lo que posteriormente arrendó otras 573 hectáreas en Paso del Médano.

Habían construido una modesta vivienda, pero en 1917 se avanzó en la construcción de una mansión de estilo italiano que fue lugar de encuentros sociales y religiosos muy importantes en la época.(dos fotos)

Rasmussen fue uno de los fundadores del Banco Comercial y el matrimonio tuvo 6 hijos. Los varones no contribuyeron mucho al esfuerzo familiar y las obligaciones del campo.

En 1930, la salud de Martín comenzó a flaquear y la situación se agravó por la acción desleal de sus escribas que le hicieron firmar papeles y determinaron que la fortuna se hiciera humo.

El matrimonio retornó a Dinamarca acompañado por algunas de sus hijas.

El campo, hoy denominado San Joaquín, pertenece a la familia Verkuyl que lo afectó a turismo rural. Está a unos 7 kilómetros de la planta urbana de Copetonas y todavía quedan restos de aquella mansión.

El caso Casalot

Una fortuna que en la década del 60 se estimaba en más de 100 millones de pesos, pasó a otras manos y no a las de los herederos correspondientes, en una maniobra que involucró a jueces, abogados y los interesados beneficiarios.

El proceso no pudo revertirse a pesar de haberse dado a conocer públicamente el escándalo, tal como consta en las crónicas periodísticas de la época, y los reclamos de entidades cooperativas, gremiales agropecuarias y hasta el Comité Enrique Betolaza.(fotos)

Juan Casalot estaba casado con Abdona Arce; esta era dueña de un campo heredado de Juan Arce, en la zona de Copetonas. Casalot era un mercachifle con esposa adinerada.

Junto con un asesor pergeñó la idea de declarar a Abdona como demente, y como tal la internaron en un hospicio en Cruz del Eje.

Ya dueño del campo, lo arrendó y a su muerte el juez Gualterio Monacelli declaró a la sucesión como vacante disponiendo el remate judicial del campo a través del martillero platense Antonio Pertierra.

El edicto de subasta se publica en agosto de 1963(foto). La venta se hizo en un remate cumplido en julio en el Plaza Hotel, con reducida concurrencia. Remate armado de forma tal que tenía un resultado concreto antes de comenzar.

El campo fue comprado por el arrendatario y depositario judicial que tras desacreditar allí la calidad de las tierras, pagó un precio ínfimo. Allí funcionaría luego una de las cabañas más prestigiosas de toda la región, sin que se advirtiera que fue producto de una infame maniobra.

El proceso no pudo anularse pese a que aparecieron herederos que hicieron presentaciones con el patrocinio del abogado Alberto Ripamonti, denunciando que para llevar adelante todo el trámite se había incluido en los expedientes documentación falsa.

Esta documentación decía que Casalot era soltero, entre otras cosas. Se presentaron las certificaciones originales con los cuales se rebatían los argumentos para crear una sucesión vacante.

Incluso afirmaron que tras el deceso del titular, en 1924, desaparecieron más de 5 mil cabezas de ganado, maquinarias, rodados y muebles, desmintiendo al depositario judicial y comprador luego del campo que afirmaba que eran de su propiedad.

Como se verá, un infame latrocinio amparado por funcionarios judiciales, y una fortuna que pasó a manos inescrupulosas.

Ni siquiera la intervención de Ricardo Rudi, prestigioso político radical que luego sería ministro de Obras Públicas de la Provincia,  intentando abortar la maniobra pudo con esta tenebrosa trama.(foto)

Escribe: Omar Eduardo Alonso – [email protected]

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