La gran depresión

18 abril, 2020

La gran depresión

La pandemia que está sacudiendo los cimientos de la civilización mundial, además de lo estrictamente sanitario, ha generado una “infodemia”. Es decir una abundancia informativa que muchas veces abruma a las personas, sobre todo cuando se habla de lo que vendrá.

En todas esas elucubraciones no faltan comparaciones con lo ocurrido en otros males de proyección mundial ocurridos en todos los tiempos.

Con la epidemia de polio, con la fiebre amarilla, con la peste, la gripe española etc, además de las consecuencias económicas derivadas de las conflagraciones mundiales y también el crack producido hacia 1929 a partir de los acontecimientos financieros en Estados Unidos.

Es bueno, entonces, recordar cómo impactó esto último en Tres Arroyos, como para tener una aproximación del impacto de la gran depresión en nuestro medio.

A principios de la década del 30 el gobierno municipal estaba en manos de los conservadores, y el Intendente era Sebastián Bracco.

La puja con los radicales, y en menor medida con los socialistas, era intensa y había de todo: desde actos de corrupción en kermeses benéficas a favor del Hospital, hasta reacciones populares por la oposición del Intendente para la conformación de una cooperativa eléctrica, además de una profundización de los actos delictivos y cuestionamientos a la acción policial.

La desocupación y el hambre de enseñoreaban por estos lugares, y se profundizaba la presencia de mendigos en las calles de la ciudad.

Los productores agropecuarios se quejaban por los bajos precios que recibían, afirmando que no se cubrían los costos y que era necesaria la intervención oficial para resolver la cuestión pues se iba directamente al quebranto.

El tema del campo

El ingeniero militar, diplomático y radical antipersonalista Agustín Pedro Justo, había sido electo presidente en 1931, apoyado por la dictadura militar, en el contexto de la denominada década infame caracterizada, entre otras cosas, por el fraude electoral.

Viendo la fuerte fractura con el campo, propició un acuerdo según el cual el Banco de la Nación otorgaría préstamos preferenciales a los productores de maíz.

Tras muchos años, en julio de 1933 nevaba en Tres Arroyos de manera copiosa y hacia fines de ese mes el diario Crítica realizaba una compulsa para conocer la opinión de productores locales sobre aquel anuncio oficial.

Pío Zubiri, Jenaro Di Salvo, Arturo Gil y José Hurtado, entrevistados en sus respectivos campos, consideraron insuficiente la medida, sobre todo porque en esta zona se sembraba poco maíz y reclamaban medidas similares para el trigo y la avena.

Hacia octubre de ese año las entidades agropecuarias enviaban una nota al Ministerio correspondiente planteando la grave situación y reclamando medidas.

Para reforzar la gestión, una delegación local viajaba a Buenos Aires. Estaba integrada por Juan B. Istilart, Leopoldo Mulazzi, Arturo y Francisco Rivolta.

La cuestión del comercio

El 8 de setiembre de 1933 se disponía un cierre de comercios en protesta por la aplicación de impuestos a las transacciones a réditos.

La convocatoria se hacía en el marco de una reacción de carácter nacional.

Simultáneamente se producían acá algunas reacciones de comerciantes e industriales por medidas que venía aplicando la municipalidad desde fines de 1932 para contrarrestar el impacto de los precios en las economías familiares.

Así, por ejemplo, se había dispuesto la venta al costo de mil kilos de papas procedentes de Balcarce, utilizando los mercados municipales.

De la misma manera disponía la venta con precio rebajado del pan y ello generaba cierre de comercios y rispideces entre los mismos comerciantes. Situaciones parecidas se producirían en ese sector durante crisis producidas en la década de 1970.

Pobreza, desocupación, mendicidad y ollas populares

Hacia diciembre de 1932 la gestión de Bracco disponía la asistencia para cobijar a desocupados en las instalaciones de la Sociedad Rural. Más de 300 personas concurrían y los inspectores municipales recorrían las calles invitando a quienes lo necesitaran a recurrir a ese lugar.

En octubre de 1933, ante la insuficiencia de lo existente, se habilitaba una olla popular en el corralón municipal, donde se instalaron un comedor y la cocina.

El 2 de diciembre de 1933 el diario Noticias Gráficas a través de su corresponsalía  afirmaba que “la situación creada por el aumento de la desocupación, que en esta zona ha alcanzado contornos alarmantes, ha decidido al Intendente municipal a dictar un decreto solicitando la cooperación del comercio y vecindario para tratar de remediar la situación creada”.

El decreto

Vista la situación afligente que atraviesa una numerosa  parte de la masa trabajadora, la que es obligada, impulsada por la propia necesidad, a salir de sus improvisados refugios por las vías del ferrocarril y otros lugares alejados del centro de la ciudad para llegar a esta y deambular por sus calles postulando de puerta en puerta y solicitando una ayuda  para saciar sus necesidades más apremiantes, provocando un espectáculo que afecta los sentimientos sociales y perturba, en ocasiones, la vida de tranquilidad y paz  que todos anhelamos, llevando también ciertos principios de zozobra y recelo en la población, y considerando:

Que es deber de las autoridades municipales velar en cualquier forma y poniendo en juego los medios a su alcance que logren la finalidad anhelada, con el propósito de evitar la continuación  de ese hecho que afecta a los sentimientos humanitarios, el Intendente municipal decreta:

1-Dirigir una nota a los señores comerciantes de la localidad—cuyo espíritu altruista se reclama ante esta situación—solicitándoles su colaboración  para el logro de tan noble finalidad, con la donación en mercaderías o dinero, para la instalación de una olla popular, la cual servirá para aliviar en algo la situación angustiosa y momentánea de esos trabajadores desocupados.

2-Dirigir una nota al presidente de la Sociedad Rural solicitándole el préstamo temporario de los galpones de su propiedad  instalados en la calle Liniers, próximos a las vías del ferrocarril, con el objeto de instalar allí una olla popular, y al mismo tiempo dar albergue a los obreros desocupados.

3-Nómbrase una comisión integrada por los señores Gabriel Bajardi, Ambrosio Vizzolini y Fidel Leguizamón, que será secundada por Inspección General de la Municipalidad.

4-Esa comisión estará facultada para recibir donaciones y adoptar todas las decisiones que considere necesarias para el mejor éxito de la patriótica misión que le ha sido encomendada.

La cooperación

Rápidamente la comisión lograba el aporte de numerosos comercios, productores e industriales.

Panaderías La Rosa, de Angel Ceriani y Hnas; Pedro Mirás; Vicente Cordero; San Martín, de Lorenzo, Gobea y Cía; La Comercial, de Jerónimo Martín; La Fundadora, de José Damiani; Miled Chedrese y Ferrario y Ríos; Panadería del Pueblo, de Río Guido; Díaz y Vezi; Julio Jeanneret.

Carnicerías de Juan Hnos; de Joaquín Arán; Tempone Hnos, con verduras; Roque Graziano,verduras; El Sol Argentino, de Vicente Rey Gil; Sebastián Bracco, carne; el ABC, mercaderías.

El menú que se servía se calificaba de “bueno” y era a base de sopa con papas, fideos, porotos y verdura, además de un buen trozo de puchero y asado, con una galleta grande para cada persona.

En el lanzamiento no estuvo el Intendente, pero sí lo hicieron el presidente del Concejo Deliberante, Pedro Irigoyen; el secretario municipal, Nicolás Staffa; el Inspector general, Fabio Dufau, e integrantes de la comisión especial organizadora.

* Escribe Omar Eduardo Alonso