La historia en imágenes – Escribe: Omar Eduardo Alonso
Hay distintas formas de visitar el pasado pero una de las más fascinantes es a través de la fotografía. Es que la foto, a diferencia del cine o la literatura, vuelve un momento eterno, lo congela en un segundo único, irrepetible. En realidad el concepto no me pertenece, pero coincido con él y me pareció apropiado para intentar traer a la memoria colectiva la acción de muchos fotógrafos que han registrado mucho de la historia lugareña.
Como siempre, es preciso aclarar que las enumeraciones nunca son absolutamente completas, sobre todo cuando se trata de oficios que han sido practicados por muchas personas. En algunos casos puntuales la mención es acompañada por algún dato adicional que permite enriquecer el relato.
Me parece justo iniciar esta crónica hablando de Andrés Errea que ha conformado una colección de singular valor histórico pero que, además, la exhibe en cuanta ocasión es convocado. Oportunamente pasó por el programa “esto es Historia”, cuando contó sobre su afición de fotógrafo y coleccionista.
Quienes abrevamos en documentación diversa para cimentar los relatos, observamos que algunos fotógrafos dejaron registradas sus intervenciones, y pretendo mencionarlos. Categorías diferenciadas se corresponden con aquellos que fueron reporteros gráficos y quienes fueron fotógrafos policiales y que en algunos casos fueron las mismas personas.
Reporteros
Quizás los más emblemáticos fueron Ismael Castro y Ricardo Pla, ambos víctimas de trágicos accidentes en cumplimiento de funciones.
Lito Castro embestido por el TC de Aventín en 9 de Julio y Pla, por un auto descontrolado en una competencia del Moto Club local.
Oscar “Cacho” Garrido también fue reportero gráfico y desde 1978 como fotógrafo policial.
Javier López Echegoyen tuvo su paso por el diario local, lo mismo que Marianela Hut y Carolina Mulder, entre otros varios.
Presencia sellada
En los diversos álbumes históricos hubo al menos tres casos que dejaron sus sellos impresos en las fotografías. Uno de ellos fue Foto Livio, de Livio Guarnaschelli (foto) que funcionó en Colón 347. En 1932 se hizo cargo del establecimiento que originalmente había pertenecido a Robustiano Morilla y luego a los sucesores de este. Morilla, por su parte, dio paso al estudio fotográfico Clayton, que también dejó expresada su participación en esos documentos, Se incluye una foto de un grupo familiar tomada por Morilla.
Otro estudio fotográfico mencionado en esos documentos es La Moderna, de Arnaldo Valsangiácomo, que funcionaba en la esquina de Betolaza y Chacabuco. En el tope del edificio se observa aún la identificación del lugar. (fotos) Esta persona tuvo una intensa participación comunitaria y fue partícipe de un suceso que cobró repercusión nacional y que relato como final de esta crónica.
Incluyo una foto de La Moderna identificado como “Portrait Cabinet-siglo 19”, es decir formato de retrato de gabinete de una mujer no identificada. (TAPA) Podría completar esta lista de fotógrafos de aquella época mencionando que en 1928 funcionaban Victorio Cianciola, con estudio en Chacabuco 265; Enrique López, en Chacabuco 101; Gregorio Morgheinsten, Colón 323; Morilla hermanos, en 9 de Julio 37 y Héctor Zeballos, en Betolaza 45.
Tiempos más cercanos
Además de aquel recordado “Fogonazo” y Langenheim, es bueno recordar apellidos como Cardinalli, Talotti, Mordenti, Pennini, Barreiro, Troncoso y D’Arcángelo. Ya he mencionado oportunamente el caso de Víctor D’Arcángelo un adelantado de la tecnología mundial en la materia audio visual, con acceso a lo último aparecido en Estados Unidos.
Delfor Pennini por su parte sería quien condujera un comercio tradicional, continuado por sus descendientes y que hoy subsiste, aunque en un rubro diferente. No puede olvidarse a Atilio Crotti (foto), otro pionero de la fotografía más cercano en el tiempo y a los aficionados Daniel Tesone y Adelaida Soumoulou.
Rubén Pinella por su parte encontró su pasión en la fotografía y en la enseñanza de sus secretos, mientras que Carlos Touriñan hizo habitual la exhibición en las vidrieras de Fotografía Paris de imágenes del pasado histórico de Tres Arroyos.
Finalmente, sin que esta haya sido una enumeración completa, recuerdo a Victor Dubovick, histórico captador de imágenes en Claromecó. No hace mucho tiempo hice referencia a Faustino Framarini, multipremiado en el rubro de fotografía artística.
Itinerantes
No fueron pocos los fotógrafos que adoptaron el trabajo itinerante, como el caso de Atilio Antonio Crotti quien nunca quiso establecer un estudio pues consideraba que lo ataba a una permanente rutina. Había comenzado el oficio junto con su hermano Alberto en la rambla de Mar del Plata y adoptó la modalidad de ir casa por casa para fotografiar niños.
La especialidad lo llevaría junto a sus hermanos Alberto y Rodolfo y su esposa Lidia Delia Acuña Sanabria con quien se casara en julio de 1953, a distintos lugares del país y toda la región circundante. Efectuadas las tomas se trabajaba intensamente en el laboratorio y se completaba la labor con un taller de cuadros, en un trabajo artesanal que incluía todo el proceso.
Crotti trabajó con Víctor Lizzi en el rubro de sociales y posteriormente se especializaría en la cobertura de las distintas manifestaciones tradicionalistas como jineteadas, desfiles, etc, donde fuera muy reconocido. La fotografía itinerante tenía un anexo que eran desarrollados en las escuelas, debiéndose trabajar con un permiso especial de las autoridades educativas.
Hubo varios fotógrafos que trabajaron en este rubro, pero en el Instituto Nuestra Señora de Luján siempre ha sido recordado J. Moretti.
Lo prometido
Hacia principios de la década del 30 funcionaba en Tres Arroyos una denominada Sociedad Cosmopolita. Las crónicas de la época, parte de las cuales se reproducen aquí, informaban que se habían organizado unas kermeses a beneficio del Hospital Pirovano y que el producido se había esfumado misteriosamente.
En 1933 la entidad era presidida por Arnoldo Valsangiácomo. Además de ser un escándalo en sí mismo, cobró una notoriedad de alcance nacional, ya que medios como Noticias Gráficas, La Nación y Crítica contaban con corresponsales que seguían de cerca el proceso. (foto)
Se sucedieron reuniones multitudinarias que cobijaron reclamos varios, que incluyeron presencia de funcionarios judiciales y vigilancia policial con registros estrictos para evitar portación de armas. Se formaría una comisión especial para analizar los detalles contables y el fotógrafo terminaría renunciando, aunque el proceso prosiguió.
Sería largo dar detalles, pero leer aquellas crónicas resulta apasionante pues refleja lo que acontecía con una sociedad convulsionada e indignada, al borde de cualquier exceso.