La increíble experiencia de un tresarroyense en el Everest
Enrique Fernández, vecino de nuestra ciudad, participó en un grupo de doce argentinos del ascenso hasta el campamento base del Monte Everest y luego a la montaña Kala Phattar, a unos 5500 metros de altura.
Fernández compartió su experiencia en los estudios de LU 24, y afirmó que “fue una experiencia única y algo muy rápido ya que fui en Semana Santa a Vallecito en Mendoza a hacer una escalada, y allí me invitaron, por lo que luego de una preparación física especial, el 3 de mayo volamos a Katmandú y luego a Lukla, un aeropuerto considerado el más peligroso del mundo, ya que su pista tiene sólo 450 metros de extensión, y a partir de ahí empezamos la caminata para llegar al campamento del Everest en 5360 metros, y posteriormente llegar a Kala Phattar, de 5550”.
“Lo importante es estar en el campamento, hay unas 300 carpas y unos 700 escaladores esperando el momento para hacer cumbre, ya que tienen que hacerlo por etapas, llevando los equipos y aclimatándose”, sostuvo.
La travesía y el paso por Katmandú
“El camino fue muy lindo, hay 95 kilómetros desde Lukla al Campamento Base; es como si un futbolista se mete a un vestuario y se sienta al lado de Messi”, dijo y sostuvo que “el Monte Everest es el ícono más importante del montañismo en el mundo, fue una muy linda experiencia, incluso también lo que vivimos en Katmandú, al conocer una cultura distinta a la nuestra, se dice que es un país pobre, pero no hay pobreza, sino que es el medio de vivir de ellos así desde hace muchos siglos, con gran respeto”.
“La preparación fue muy cortita, unos diez o quince días en el gimnasio, para poder enfrentar el desafío, la marcha es muy lenta por la falta de oxígeno en un medio totalmente distinto, con viento, con frío, por momentos bordeando precipicios, cruzamos varios puentes colgantes, de ciento ochenta metros de largo y ciento diez de profundidad al río, y a medida que uno asciende pasa por aldeas perdidas en la montaña desde hace siglos, con gente que cultiva tierra en terrazas donde siembran sus alimentos, y comen carne de cabras, mulas y Jacks, fue muy rico compartir esa forma de vida y encontrarnos con un escenario que no esperábamos ninguno de los doce”.