La obra “No hay que llorar” se presentó a sala llena en el Teatro Municipal de Chaves

30 agosto, 2016 Leido: 29

La obra “No hay que llorar” se presentó a sala llena en el Teatro Municipal de Chaves

El grupo Metamorfosis, bajo la dirección de Juan D´urbano, sigue ofreciendo calidad en las presentaciones teatrales. A eso responde el público, que anoche completó el Teatro Municipal de Adolfo Gonzales Chaves, algo que viene sucediendo al compás de una cartelera variada, que siempre sorprende, de la mano de un grupo de actores cuya versatilidad les ha permitido ir del costumbrismo o la comedia, a la reflexión o al drama, sin inconvenientes.

Los actores chavenses que anoche se lucieron en No hay que Llorar, del dramaturgo Roberto Tito Cosa, es el resultado de un trabajo genuino y muestra que cuando algo se hace por vocación y amor al teatro, los resultados llegan, irremediablemente.

La sala colmada es la respuesta a todo ese despliegue artístico y escenográfico que exhibieron los protagonistas: Darío Ferraro (Gabriel), Dina Conde (Esther), Matilde Martínez (Luisa), Mariela Jorge (Graciela), Juan Carlos Ustarroz (Osvaldo) y Tato Giancaterino (Pedro). El elenco se complementa con el trabajo de asistencia técnica de Patricia Castellano y el maquillaje de Elsa Retamozo.

La puesta en escena evidenció el nivel de los actores, el manejo del cambio de ritmo de la comedia, la hipocresía y la codicia de los personajes: todo buscó dejar su mensaje a los espectadores y pintó de cuerpo entero el individualismo argentino, que suele aparecer en determinadas circunstancias, y que en esta obra se manifiesta de una manera descarnada.

D´urbano, el director, estaba “feliz”, y agradeció a los actores por su profesionalismo y disposición para adaptarse a las distintas atmósferas que presentó la obra y que permitió introducirnos en la vida cotidiana de una típica familia argentina.

Se trata del cumpleaños de la madre (Martínez) que reúne a sus hijos (Ustarroz, Giancaterino y Ferraro) que llegan con sus esposas (Jorge y Conde) y allí comienza lo tragicómico. A esperar un médico que nunca llega para asistir a la madre y, poco a poco, empiezan a aflorar las miserias humanas y la codicia, la ambición desmedida de los hijos y la complicidad de las esposas.