La rotonda y el dilema del “pescado”

27 julio, 2014 Leido: 37

La rotonda y el dilema del “pescado”

Varios accidentes de tránsito, bruscas maniobras de conductores desprevenidos, eternos reclamos de vecinos y no menos insistentes gestiones de las autoridades formaron parte, durante años, de la historia del emblemático cruce de las rutas 228 y 73, conocido desde siempre como “El Pescado”. Por eso, la noticia de la construcción de una importante obra vial que demandará un presupuesto de 35 millones de pesos, pero que además será ejecutada por una empresa local y dará trabajo a decenas de tresarroyenses, es más que bienvenida.

El diseño de la rotonda contempla mejoras en las dos carreteras, iluminación -un aspecto fundamental que motivó las sempiternas quejas de los conductores- y un diseño que tiene como eje el ordenamiento del tránsito en un cruce que, especialmente en la época estival, donde confluyen el turismo hacia Claromecó y Necochea además de los contratistas, productores y transportistas que se desplazan en cada campaña agrícola, suele convertirse en un caos.

Habría que preguntarse qué vino primero: si el pescado colocado allí hace muchos años, al parecer por gentileza de la familia de metalúrgicos Burattini, que indicaba que por esa ruta se accedía al paraíso de mar y pesca que es Claromecó, o la denominación que bautizó a este cruce para siempre y que el cartel sirvió para reforzar. Lo cierto es que mucho tiempo después, por impulso de la Asamblea por una Cultura Democrática y la colaboración de artistas locales, empresas que donaron chatarra, particulares y finalmente la Municipalidad de Tres Arroyos, que construyó el pilar que lo sostiene, se erigió allí la escultura de un pescado de autoría del tresarroyense Diego Iriarte.

Una obra artística

Iriarte diseñó la escultura, construida por piezas de hierro ensambladas, y que mide 4,5 metros de largo por unos 2 de diámetro. El patio del Centro Cultural La Casona fue el lugar elegido para llevar adelante la obra, de la que participaron otros artistas visuales de Tres Arroyos, como Pedro “Perico” Medina, Daniel Guzmán y Oscar Bianchi. Desde el punto de vista cultural, el ensamblaje de la escultura aquí en la ciudad constituyó un acontecimiento, más allá de que no todos valoren su importancia. Su autor, discípulo del internacionalmente reconocido escultor en chatarra Carlos Regazzoni, quien lo invitó a trabajar en su taller durante dos años, ha vendido obras en París, en Stuttgart, en Berlín, en Frankfurt, y decidió emplazar una en su ciudad natal, sin cobrar un peso.

El 23 de julio de 2011, autoridades municipales fueron al cruce de 228 y 73 y realizaron allí la inauguración formal de “El Pescado”. Lo mismo harán, aunque seguramente con las formalidades y pompa que requiere tamaña inversión y la importancia estratégica de esta rotonda, cuando la obra se termine, en unos seis meses. Según se ha indicado en los últimos días, la escultura de Diego Iriarte no formará parte de este nuevo paisaje que tendrá el cruce. Es de esperar que así como le otorgaron valor en aquel acto del 2011, le asignen ahora un nuevo lugar de emplazamiento acorde.