(audio) Petróleo, riesgo global y el desafío pendiente de la economía argentina

22 julio, 2026

(audio) Petróleo, riesgo global y el desafío pendiente de la economía argentina

Contador Carlos Ordóñez

La geopolítica volvió a alterar el escenario económico mundial. La escalada del conflicto en Medio Oriente, las amenazas sobre el estrecho de Ormuz y la posibilidad de interrupciones en el Mar Rojo reavivaron la incertidumbre en los mercados internacionales.

La reacción fue inmediata. El petróleo Brent volvió a dispararse y ya ronda los 94 dólares por barril, cuando hace apenas unos meses había caído por debajo de los 70. El temor es que una energía más cara vuelva a impulsar la inflación mundial y obligue a los principales bancos centrales a mantener tasas de interés elevadas durante más tiempo, enfriando la economía y complicando a los países emergentes.

Para la Argentina, el impacto es ambiguo. Un petróleo más caro favorece a Vaca Muerta y al sector energético, pero también aumenta los costos de producción, transporte y logística.

Mientras tanto, en el plano local llegaron buenas noticias. Moody’s mejoró la calificación de la Argentina y se convirtió en la tercera gran agencia internacional en elevar la nota del país. ¿Qué significa? Que los mercados consideran que la economía argentina ofrece hoy un menor riesgo, una señal que fortalece la confianza y puede facilitar el acceso al crédito y a nuevas inversiones.

También hay una información importante para millones de contribuyentes. ARCA habilitó la recategorización del Monotributo hasta el 5 de agosto. Las nuevas escalas elevan el tope de facturación anual a 126,6 millones de pesos, mientras que las cuotas tendrán una actualización cercana al 17%.

En definitiva, mientras el mundo vuelve a mirar con preocupación el conflicto en Medio Oriente y la suba del petróleo, y la Argentina continúa acumulando mejoras en algunos indicadores macroeconómicos y en la confianza que le otorgan los mercados internacionales, para la mayoría de los ciudadanos el verdadero desafío sigue siendo otro. Que esos buenos números de la macroeconomía se traduzcan en más empleo y de mejor calidad, en una recuperación sostenida del poder adquisitivo de los salarios, en la vuelta del crédito para las familias y las empresas y, sobre todo, en una mejora concreta de la calidad de vida. Porque los indicadores pueden mostrar una economía que se ordena, pero el verdadero éxito del programa económico recién podrá medirse cuando esa mejora también llegue al bolsillo de la gente.