“Pomo”, antes de la fama. Escribe: Omar Eduardo Alonso

23 octubre, 2024

“Pomo”, antes de la fama. Escribe: Omar Eduardo Alonso

Era la década del 80.

José Luis Peralta apenas dejaba la adolescencia y la escuela de dibujo.

Lo recuerdo delgado, tímido y de pocas palabras. No recuerdo, en cambio, cómo llegó a tomar contacto con la señora Jeanet Galli de Malaspina quien participaba en sociedad con quien escribe, en una publicación periódica que en su momento tuvo alguna repercusión.

Esta publicación se había iniciado con el título “La Región”, impulsada por la juventud de la filial local de Federación Agraria Argentina, encabezada por Roberto Pissani.

Tras la aparición de varias ediciones, el entusiasmo de la organización juvenil se diluyó, pero antes de clausurar la iniciativa dispusimos con Jeanet continuarla con el título de “NUESTRA Sociedad”.

Peralta se había manifestado interesado en publicar sus trabajos y se acordó que lo hiciera a cambio de un modesto pago por caricatura.

Personalmente le alcanzaba las fotos sobre las que trabajaba a su domicilio familiar, una modesta vivienda situada en el barrio Escuela 18.

De tal forma se hizo una rutina que llevó a que se publicaran numerosos trabajos de quien ya comenzaba a firmar “Pomo”.

Sin embargo, antes de ello firmaba “Joe” Peralta

Sobrevendría luego un salto importante para este talentoso caricaturista, con la relación con el diario local, causando un verdadero suceso.

No fueron pocos los trabajos por fuera del periodismo, que hacía por encargo, muchas veces para que sus dibujos se transformaran en regalos para ocasiones especiales.

Tiempo después se instalaría en un local de la Galería Tres Arroyos, lugar donde fue la última vez que lo vi.

Ya por entonces había evolucionado de manera notoria con la incorporación de la asistencia por computadora, con lo que alcanzaba una perfección notable.

Me contó que hacía trabajos para otras publicaciones, incluyendo a algunas de Mar del Plata y otros lugares.

Su evolución técnica fue notable a medida que progresaba en su profesión aunque nada de eso hubiera sido posible sin el talento innato que tenía.

Supe luego que se había casado y se había radicado en la ciudad feliz, pero nunca más tuve un contacto con él.

Sin dudas su muerte significa mucho para mí. No quisiera caer en la pedantería de mencionar que fuimos quienes lo “descubrimos”, pero es la verdad del relato.

Debo consignar que la primera caricatura publicada por “Pomo” es la que acompaña a esta crónica y retrata al histórico presidente de la Federación Agraria Argentina, Humberto Volando.

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