Prepotencia y venganza – Escribe: Omar Eduardo Alonso
El 23 de enero de 2013 moría trágicamente Marcos Pizarro Costa Paz. Lo había ultimado de un escopetazo en la garganta Alberto Bonifacio Martínez.
El suceso había ocurrido en el establecimiento El Micheo, ubicado en el distrito de G. Chaves, proximidades de Juan E. Barra.
El proceso judicial se cumplió y el homicida fue condenado a 11 años de prisión.
Si se hace la cuenta, este año se cumpliría el plazo estipulado por la justicia.
Sin embargo, debo aclarar que no tengo datos sobre el destino de Martínez, de ningún tipo. Pretendo nada más recordar el triste suceso, derivación de la soberbia y el trato descomedido del empresario que acabó con la paciencia y la mansedumbre de su modesto empleado rural.
El hecho
Pizarro Costa-Paz era descendiente directo de Julio Argentino Roca: el bisabuelo de su madre, Alejo Agustín Roca Paz era hermano del ex presidente.
Tenía 38 años por entonces. Era un próspero empresario con tierras en la zona de Ayacucho y arrendaba el campo El Micheo donde contaba con unas 700 cabezas de vacunos.
Empleaba a Alberto Bonifacio Martínez, tresarroyense que por entonces tenía 72 años.
Múltiples testigos aseguraban que lo sometía a un trato descomedido incluyendo en presencia de otras personas.
La prepotencia llevada de la mano por la soberbia era acompañada por condiciones precarias en la modesta vivienda que le asignaba y se aseguraba que la relación laboral distaba mucho de ajustarse a las prescripciones legales vigentes.
El día del suceso se trabajaba intensamente porque concluía el plazo de arrendamiento y debía evacuarse a la totalidad de la hacienda.
De modo que en el lugar había transportistas y veterinarios que debían asistir al proceso.
En esas circunstancias se produjo un nuevo incidente entre el patrón y su empleado que fue subiendo de tono.
Martínez enfiló entonces hacia la vivienda y retornó con una escopeta y le dijo que “el único que me gritaba era mi padre y murió hace 50 años. Yo soy una persona mayor y a mí no me grita nadie. Le voy a pegar un tiro”.
Tras ello le descerrajó una perdigonada a la altura del cuello, cayendo Pizarro, quien falleció cuando era trasladado en ambulancia hacia la localidad de Juan E. Barra.
El tribunal que lo juzgó en Bahía Blanca no hizo lugar a los planteos de la defensa sobre la existencia de maltrato sistemático de parte del patrón y descartó una situación de emoción violenta.
Consumado el hecho, Martínez esperó a la policía en su vivienda y se entregó sin resistencia alguna.
Repercusión
El suceso tuvo gran repercusión sobre todo teniendo en cuenta la prosapia del empresario y seguramente quienes se interesen en conocer más detalles pueden hacerlo a través de la red.
Diarios de orden nacional y de distintos lugares, además de varios periodistas dedicados a cuestiones rurales, escribieron crónicas detalladas.
En general todas coinciden en señalar las características de una relación laboral y personal turbulenta entre ambos protagonistas, lo que no justifica ni mucho menos el trágico desenlace ocurrido.
De todas maneras es bueno recordar lo ocurrido como para reflexionar sobre situaciones de ese tipo que se producen con más frecuencia de lo que se supone.
Año 5-Nota 229
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