¡¡¡¡Qué ocasión pa’hacer un brindis!!!!-escribe: Omar Eduardo Alonso
La frase del título fue popularizada hace ya varias décadas por el recordado actor Ubaldo Martínez. (foto)
Se mostraba con un vaso, supuestamente con vino, con expresión de beodo y hasta tambaleándose, y la pronunciaba con su gracia inconfundible.
Me pareció interesante recordarlo como introducción al tema del vino, “la bebida de los pueblos fuertes”, como se la promocionaba también hace mucho tiempo.
Esta generosa bebida acompañó históricamente el desarrollo de los pueblos argentinos, y lo sigue haciendo aunque con modalidades diferentes.
Invito a los lectores a repasar algunos aspectos de las historias vinculadas con el vino, y específicamente en Tres Arroyos.
No se puede soslayar a Vinos De Francesco, tan popular que en la década del 70 impulsó una de las publicidades más originales y peculiares que se puedan recordar en nuestro medio.
De tal forma promovió por la recién nacida emisora local un concurso de cuartetas en las que se aplicaba la marca Vinos De Francesco.
Cientos, por no decir miles, de versos en cuartetas llegaban a la emisora y eran leídas al aire, en un concurso que duró bastante y se cerró con la consagración del ganador.
Su producto visitó casi todas las mesas de los tresarroyenses que podían optar por alguna variedad, incluyendo el “clarete”, hoy desconocida con ese nombre.
Los cajones de botellas de este vino integraban las provisiones a los distintos campos, por entonces con habitantes en todos los casos. Junto con la galleta grande y algún otro producto, integraba lo que se llamaba “los vicios” que debían ser provistos por el patrón, aunque este luego de forma habilidosa pudiera recuperar el dinero por otros canales.
Generalmente se hablaba de bodegas, aunque en realidad eran fraccionadoras de productos originarios de provincias productoras.
Que yo sepa, en nuestro medio no hubo producción vitivinícola, aunque por muchos años los viejos inmigrantes, especialmente los italianos, optaban por hacer sus propios vinos.
Compraban los cajones de uva que luego pisaban en sus propios domicilios.
Otra fraccionadora que tuvo vuelo importante fue Furlotti, con una planta situada en calle Mitre, entre Costa y las vías.
Allí trabajó 11 años como vendedora la señorita Luisa Sígoli, que sería una continuadora de su abuelo, Serafín.
Este último, nacido en 1865 y radicado en Milán, fue contratado por la Bodega Rusconi, que funcionaba en el sector céntrico de Tres Arroyos.
Se había casado con Francisca Saro y ya vinieron a nuestra ciudad con un hijo. Posteriormente tendrían más descendencia. (foto familiar)
Luisa atravesó el momento en que Furlotti dispone el cierre del establecimiento.
Durante un año siguió abasteciendo a sus clientes con reservas propias.
Posteriormente continuaría como representante para vinos Rojo Trapal, Pontevecchio y El león, actividad que desarrolló durante 9 años. Contaba con un depósito propio en el predio de la vivienda familiar de Liniers 115.
También trabajó como representante de vinos Gual.
Por lo demás hubo comercios diversos que compraban vino en bordalesas (foto) y lo vendían fraccionados y al pié de los toneles.
Minutiello, con comercio en avenida San Martín 1350 aproximadamente vendió en un tiempo el vino “Agustinito”, por cierto exquisito. Pero no fue el único.
Otros comerciantes de vinos
Hacia la década del 30 funcionaba el comercio “El Alba” de Herminio y Ernesto Bellasalma, que fue habilitado en 1929 en la esquina de Lamadrid y Belgrano.
Herminio formaría hogar con Simona Canal, integrante de una familia tradicional del medio.
Nicolás Tracanna tenía su negocio en Balcarce y Reconquista.
Era hijo de Alfonso y María Concepción Milone y el primero era nativo de Rosello, provincia de Chietti.
Nicolás había llegado a América en 1907, recalando en Tres Arroyos.
En 1918 logró poner en funcionamiento un modesto almacén y a partir de 1926 la vinería, con la cual lograría consolidar su posición económica de tal forma que, incluso, resolvió habilitar una sucursal en San Cayetano.
Constantino Chachero (foto) era español y llegó al país en 1912. Inicialmente se estableció en La Plata donde trabajó en distintos rubros.
En junio de 1918 puso su negocio de venta de vinos y aceites comestibles en Chacabuco y Lavalle de nuestra ciudad siendo representante del establecimiento de Fernando Ricco, de San Juan.
Posteriormente y hasta 1950 funcionaría en Pueyrredón y Lavalle.
Su crecimiento económico lo impulsó a habilitar una sucursal en pleno centro de Necochea.
La familia Chachero logró una excelente consideración, hasta nuestros días.
Debemos recordar que el ingeniero Constantino Chachero tuvo una larga trayectoria profesional, incluyendo la titularidad de la agencia local del INTA.
Ever Chachero fue un reconocido docente actuando como maestro de talleres en la Escuela Técnica, aunque su reputación pública se multiplicó por su condición de gran pescador, ganador del concurso de la corvina negra en los albores del Club Cazadores, que integraba.
Su hermano, Jorge, a quien se lo conocía con el apodo de Peti, emigró oportunamente de Tres Arroyos y Claromecó. Según datos que me aportó Carlos Chachero, la familia contaba en León, España con algunos intereses vinculados con la minería carbonífera.
Este ha estado vinculado históricamente con las competencias de TC, integrando la Asociación correspondiente.
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Año 3-Nota 155
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