Raninqueo: una historia de fe

24 abril, 2021

Raninqueo: una historia de fe

En todos los tiempos muchas personas han depositado su confianza en manosantas o sanadores, presuntamente con poderes especiales y en casi todos los casos invocando a Dios de quien se consideran simples mediadores.
ALEGRETTI
Hay sutiles diferencias con los curanderos pero bueno es señalar que lejos de ser denostados, muchos médicos aconsejaban por lo bajo “hacer tirar el cuerito por alguna vieja”. Claro, nada explícito y público.

Y de esto soy testigo. Mi hermana, siquiatra de extensa y prestigiosa trayectoria, radicada por entonces en Bariloche, llamaba a mi mamá telefónicamente para que le curara “el mal de ojo”. Y afirma que su mejora era inmediata.

Como se ve, todo es relativo, y muchas veces una cuestión de fe.

Pero hay figuras que han adquirido en su tiempo relevancia incluso internacional, trascendiendo sus poderes sanadores.

En Tres Arroyos no han sido pocos los que se ganaron adhesiones en busca de alivio para males propios o de personas allegadas.

Pero quizás el más emblemático fue Ignacio Raninqueo.

Algo de historia

Por alguna razón la familia Raninqueo se radicó en Tres Arroyos. (foto)

Eran descendientes del cacique Andrés Raninqueo, que vivió entre 1816 y 1884, siendo uno de los primeros habitantes del partido de Bolívar (foto).

Era la cabeza de una tribu no beligerante y que colaboró con la Guardia Nacional y por esa razón en 1869 el gobierno provincial le cedió 16.000 hectáreas.

Fue así que desarrolló la población de La Verde, dotándola de capilla y escuela. A su muerte diversos intereses impidieron que sus descendientes accedieran normalmente a sus bienes.

El 5 de marzo de 1872 el avance hacia esa zona de Calfucurá y merced a una rebelión interna en su tribu, hizo que Raninqueo fuera tomado prisionero y trasladado a Salinas Grandes.

En su esplendor había contado con 180 lanzas, 153 mujeres tejedoras y 61 niños, y en la zona de Azul tuvo contacto con Teófilo Gomila, quien también fue prisionero de los indígenas invasores.

En 1874, muerto Calfucurá, Raninqueo logra escapar y se sabe de su presencia en Bahía Blanca y Carhué.

En Tres Arroyos

Integrantes de su familia se radican en nuestra ciudad, más precisamente en la cuadra del 500 de la calle Maipú.

Allí se instala un lugar tipo capilla e Ignacio Raninqueo desarrolla actividades de ayuda a personas necesitadas incluyendo curaciones basadas en lo espiritual.

La acción invocaba a la Madre María quien estuvo en nuestro medio en más de una ocasión y según conocedores del tema era alojada en la vivienda de la familia Muñiz, en Sebastián Costa al 300 aproximadamente.

Muchos detalles fueron recordados por la señora Lidia Carrín, que fuera vecina y tratara a los integrantes de la familia Raninqueo, en el programa “esto es Historia” del 12 de agosto de 2017.

Lo cierto es que mucha gente, en general aunque no excluyente, procedía de zonas rurales trasladándose en los vehículos a tracción a sangre de entonces.

Se le atribuyen curas milagrosas y algunos testimonios aún se observan en placas de agradecimiento colocadas en su tumba (imágenes).

Ignacio muere el 6 de setiembre de 1934 y la profesión de fe fue continuada por su esposa, aunque ya comenzaba a establecerse límites en función de lo que habitualmente se decía era ejercicio ilegal de la medicina.

La acción descripta terminó desapareciendo.

En la tumba se encuentran también los restos de Andrés Raninqueo fallecido el 5 de julio de 1942.

Obsérvese que tenía el mismo nombre que el cacique.

María Calderón murió en 1969 pero no se consigna que allí se hubieran depositado sus restos, aunque pudiera haber figurado en alguna placa robada.

Oficialmente la sepultura está vencida. Es decir nadie paga desde hace mucho tiempo los derechos municipales correspondientes. Pero también está vencida la estructura.

Tiene una inclinación que se observa en la foto; la cripta de la parte inferior ha sido violentada y hoy no tiene los testimonios que seguramente fueron depositados allí.

Más historia

La contribución familiar a la historia lugareña se prolongó con nuevas generaciones.

Ignacio Raninqueo fue un reconocido podólogo con atención en Betolaza 279, lugar que ocupara hasta hace poco tiempo la feria de PACMA.

Promediando la década del 60 fue juez de paz. Estaba casado con la obstetra Elsa Falagan y su fallecimiento se produjo en 1972.

Previamente la familia atravesó una situación trágica cuando un hijo, también llamado Ignacio quien estudiaba medicina, murió en un accidente cuando viajaba en colectivo a la ciudad de La Plata.

Omar Eduardo Alonso

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