Torquatti: “El Papa fue al Capitolio a hablar del amor de Dios”

25 septiembre, 2015 Leido: 9

Torquatti: “El Papa fue al Capitolio a hablar del amor de Dios”

Tras el histórico paso del Papa Francisco por Cuba y los Estados Unidos, el padre Domingo Torquatti aseguró que “este lío que parece hacer el Papa hablando así en el Capitolio es el que no nos atrevemos a hacer con nosotros mismos. Uno puede adherir a una u otra confesión religiosa, pero no a Dios, porque él es inherente a nosotros. Eso es lo que hace el Papa: invitar a una persona a encontrar ese amor de Dios que uno lleva escondido entre sus rutinas laborales, comerciales, familiares, hasta políticas. En el yo hay un permanente instinto de defensa, de ponerse a resguardo uno mismo, los bienes, todo, y por eso después terminamos con la pastillita y el psicólogo. Y cuando alguien viene a hablarte de vos mismo, te produce un relax, te toca el afecto, te desnuda. Por eso dicen ‘el Papa los desarmó’, y la verdad es que no metió nada, sino que te aquieta para que te encuentres con la imagen de Dios y el amor”.

“Bergoglio, como un chico que pregunta al papá y a la mamá por qué se pelean si se quieren, se posiciona sin una inteligencia especulativa sino con la idea de convocar a ser feliz. Ir a un lugar como los Estados Unidos donde está todo, donde tienen todo, es como pensar en qué le vas a regalar a ese amigo o a ese chico que tiene todo, y sin embargo llevó un regalo. Les dejó algo: les mostró que hay felicidad en el amor, no en el dinero, ni en el petróleo ni en las armas. Y de alguna manera les tiró una bomba, es cierto, a los que se defienden y se enojan con las bombas de los demás. Pero lo invitaron, primero, y además lo aplaudieron, e incluso hasta lloraron. Porque lo que seduce en él es el amor de Dios, no es otra cosa”, aseguró el sacerdote.

Para Torquatti, el mensaje del Papa en definitiva es que “hay un estado de armonía universal, yo con el otro, yo con el cosmos (por eso el mensaje ecológico), y yo con Dios. Lo que nos propone, así con una sonrisa, como un niño inocente, es abrirnos al amor de Dios para restablecer la relación con los otros. Es el poner la otra mejilla de Jesús”.