Un guión y una incógnita resuelta- Escribe: Omar Eduardo Alonso

18 junio, 2022

Un guión y una incógnita resuelta- Escribe: Omar Eduardo Alonso

Salvo error u omisión, en Tres Arroyos hay solamente una calle que lleva el nombre de dos personas.
Se trata de la avenida Olivero-Duggan, paralela a la ruta 228. El pequeño guión intermedio es sustancial, algo que muchas personas desconocen y es muy frecuente el error de considerar que Olivero es el nombre de pila de Duggan. O se lo toma deformado, como se ve en la foto actual que ilustra esta nota.

No voy a ocupar este espacio para historiar la hazaña protagonizada por las dos personalidades mencionadas, aviadores ambos, en los albores de la actividad aeronáutica nacional.
Pero hubo muchos pioneros, de manera que cabría preguntarse por qué se resolvió recordarlos a ellos colocando sus apellidos en la avenida mencionada.
Y es lo que pretendo relatar seguidamente:
Olivero
Giovanni Olivero, con 17 años, se casó con Margarita Galfré, de 15. El era herrero artístico y ella era hija de un médico turinés.
Ambos resolvieron trasladarse a la Argentina y terminaron radicándose en Tandil, que por entonces tenía 4 mil habitantes, casi la mitad de ellos extranjeros.
Tenían dos hijos, pero en esta tierra engendraron cuatro más: Rosa, Américo, Juan y Eduardo Alfredo. En Italia habían nacido Lorenzo y Paulina. Lorenzo era 19 años mayor que Eduardo.
Lo cierto es que Lorenzo y Américo se establecieron en Tres Arroyos. El primero de ellos se insertó fuertemente en el quehacer de nuestro medio.
Eludió participar de las luchas políticas y ocupar cargos públicos, pero en cambio fue un decidido actor en el comercio y la cultura, con fuerte compromiso por iniciativas solidarias.
De tal forma integró los directorios del Banco Comercial, de La Previsión, Sociedad Rural, La Perseverancia del Sur, Liga del Comercio e Industria y la Agrícola Ganadera.
Estableció un comercio que funcionaba con casa central en la avenida Moreno al 400 y contaba con tres sucursales, como puede observarse en el aviso de mediados de la década del 30, que se reproduce.
Se observa la participación de personas reconocidas de la comunidad local, como Manuel Dean, por ejemplo. También la participación de su hermano Américo.
Pero además de integrar la comisión que afrontó la obra de construcción del edificio del Hospital, tuvo activa participación en instituciones culturales, siendo presidente del Club Social, la Asociación Cultural y la Biblioteca Sarmiento.
La citada Asociación generó un ciclo brillante de visitas notables como el pianista Backauss, el Coro de Cosacos del Dom y la actriz Berta Singerman, entre otras.
Lorenzo se casó con Erundina Ferradás y tuvieron cuatro hijos: Erundina, Delia, Lorenzo y Julio.
Esto es Historia, pero solamente una parte.
El aviador
La familia Olivero vivía en la zona de La Movediza y el pequeño Eduardo pasaba sus días en compañía de un caballo petiso y un perro, sus fieles e inseparables amigos.
Inquieto y travieso, le atraía especialmente el vuelo de las aves y era un ferviente seguidor de las noticias vinculadas con las primeras experiencias de vuelo que se realizaban en distintos lugares del mundo.
Estamos hablando de fines del siglo 19 y principios del 20.
Era difícil controlar al jovenzuelo, motivo por el cual su madre resolvió enviarlo a Tres Arroyos para que estuviera a cargo de Lorenzo, su hermano mayor, de reconocido carácter severo y considerado el más cáustico de la familia. Se pretendía hacerle conocer cierto rigor.
Y para empezar, fue alojado en un galpón separado de la vivienda familiar, con estrictas indicaciones de no abandonar el lugar.
No se lo pudo controlar, pues escapaba con frecuencia y recorría distintos lugares de Tres Arroyos, mientras continuaba profundizando su interés por las experiencias aeronáuticas.
Lorenzo finalmente lo contrató por 15 pesos mensuales como mandadero y lo autorizó a pasar películas en un cine barrial, con lo que redondeaba un ingreso de 18 pesos.
Con sus ahorros se compró una motocicleta. Circulando a fondo por la calle Colón, única empedrada por entonces, perdió el control y se incrustó en la puerta vidriada del Banco de la Provincia.
Eduardo crecía, de la misma manera que su interés por la aviación. Decidió revelar su vocación a su hermano y le pidió dinero para viajar a Buenos Aires, enfrentando una negativa.
Lorenzo escribió una nota a su madre, Margarita, diciendo que “Eduardo ha perdido la razón. Tiene la más loca vocación del siglo: quiere ser aviador” y lo envió de vuelta a Tandil.
Era 1912 y el joven de 16 años, con unas pocas monedas resolvió viajar a Buenos Aires, haciéndolo en un tren de carga.
El éxito
Comienza en Villa Lugano a frecuentar los ambientes de los pioneros de la aviación y su insistencia hace que pudiera insertarse en ese círculo privilegiado.
Se inicia en el contacto efectivo con los aviones, primero como auxiliar y luego practicando sin volar, hasta hacerlo finalmente de manera exitosa.
Por gestión de amigos ya consagrados, logra que le tomen una prueba la que pasa satisfactoriamente. Se le otorga un certificado pero era imposible entregarle una licencia por ser menor de edad.
Con 17 años era el piloto más joven del mundo y vuelve a su Tandil natal asombrando a los pobladores con sus vuelos.
La Primera Guerra Mundial involucraba a Italia y muchos inmigrantes retornaban para comprometerse con el país de origen.
Eduardo Olivero decide “representar” a su padre y su tío, ya con edades no apropiadas como para ir al frente de batalla.
Es así que se embarca, sin informar a su madre, y se traslada al escenario bélico.
Podría seguir contando la historia de Eduardo Olivero, pero sería extenso y seguramente excede el objetivo, que era exponer el motivo por el cual una avenida de Tres Arroyos lleva su nombre junto con Bernardo Duggan, compinches en una hazaña aérea en la que este fue el copiloto.
Baste señalar, para concluir, que ya en el frente bélico el aviador tuvo la grata sorpresa de recibir, en 1916, una medalla de oro como premio al valor, que le fue enviada desde Tres Arroyos y que fue adquirida por suscripción popular.
Héroe de guerra retornó a la Argentina y a Tandil. Siguió volando en búsqueda de records de altura y en una demostración en la ciudad serrana su avión se incendió provocándoles múltiples quemaduras, incluso en la cara.
Pero sería tiempo después, conduciendo un automóvil, cuando se produjo el accidente que le provocó heridas indelebles en la estructura ósea nasal.
La familia Duggan era acaudalada. Los hermanos competían en automovilismo y el mayor de ellos ganó una competencia de B. Blanca a Tres Arroyos y regreso. De modo que también hubo relación con nuestra ciudad.
Después vendría la hazaña de unir Nueva York con Buenos Aires en un hidroavión. Pero sobre esto mucho se ha escrito.
Las conclusiones son obvias, pero quedan algunos detalles interesantes que incluiré en una futura entrega.

Nota: Los datos de esta historia fueron posibles en función de un excelente trabajo desarrollado por un periodista de Tandil, fallecido hace poco tiempo: Juan Roque Castelnuovo, que tenía 86 años (foto). Yo tuve el privilegio de conocerlo y tratarlo. Fue un periodista de extensa y destacable participación en Tandil, de la misma manera que fundador y titular del Sindicato de Prensa de ese lugar, y concejal por la UCR. Fue autor de numerosos trabajos de carácter histórico, editó algunas publicaciones y fue distinguido por su trabajo en más de una ocasión. Esta crónica me permite, además, recordar con afecto a Castelnuovo.

Fotos: 1-Hoy y los errores. 2-Lorenzo Olivero. 3-Aviso del comercio e integración de la firma. 4-Eduardo Olivero. 5-El primer vuelo. 6-Brevet de aviador militar. 7-Posando en plena contienda. 8-Su avión con una cabeza de indio pampa pintada en acción. 9-En la estancia de los Duggan, con Bernardo. 10-Tapa del libro que reseña su vida. 11-Juan Roque Castelnuevo, autor del trabajo.

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