Una profesión de fe
La religión consolidó a una colectividad, la danesa, para transformarse en un puntal de considerable importancia para el desarrollo de toda esta región.
No fue la única, claro, pero esta vez nos ocupa recordar que el primero de mayo se cumplió un nuevo aniversario de la Sociedad Protestante del Sud y su Iglesia Evangélica Luterana.
Es indivisible la relación entre la corriente inmigratoria, la inserción en la comunidad y el desarrollo de una profunda fe religiosa que amparó todo aquel desarrollo.
Entre 1888 y 1890 llegaron los primeros daneses a la zona de Tres Arroyos, aunque en 184 ya se habían instalado en la zona de Vázquez los señores Ludvig Pedersen y Johan Svendsen.
Habían arrendado campos y probaron que las tierras irredentas eran sumamente aptas para la siembra de trigo.
Específicamente en Tres Arroyos los primeros fueron, entre 1885 y 1889, Carlos Anderberg y su cuñado, Julio Rasmussen, quienes compraron campos.
Los daneses que llegaron seguidamente no tenían la capacidad de compra, de modo que fueron arrendando fracciones en distintos lugares, alejándose de Tres Arroyos en función de los servicios ferroviarios que se extendían hacia Bahía Blanca.
Estos avanzados inmigrantes procedían en general de la zona de Tandil, donde la colectividad ya era considerablemente importante.
El resguardo espiritual de las propias costumbres danesas se hacía con la frecuente visita de un pastor que se trasladaba precisamente desde la ciudad serrana.
Si se tiene en cuenta que también tenía jurisdicción en la zona de Necochea, se puede inferir que el trabajo era considerable. De ese modo que gestionó y logró contar con un segundo pastor que originalmente también se radicaba en Tandil.
En consecuencia se alternaban en sus viajes, mientras que la comunidad de daneses crecía de manera considerable, con lo cual surgió la idea de que Christian Jensen se radicara en Tres Arroyos.
Los residentes locales asumían el compromiso de pagar el sueldo del pastor, con lo cual se dio lugar a la formación de una nueva congregación.
En mayo de 1901 se remitía una carta expresando ese deseo de los daneses locales, firmada por los señores Niels Ambrosius, Carlos Anderberg y Andrés Laulund.
Se logró un acuerdo inmediato y se estableció el primero de mayo como formación de la congregación independiente de Tres Arroyos, siendo su primer pastor titular el citado Jensen.
Sin embargo, no estaba aquí la mayor actividad de la colectividad.
Los primeros tiempos
En aquellos momentos la localidad de Irene era el centro de la comunidad danesa, lo que implicó que el pastor fuera alojado en la casa de Niels Ambrosius.
La dispersión de los residentes hacía prácticamente imposible pensar en la construcción de una iglesia, motivo por el cual las misas se oficiaban en distintas chacras, tras las cuales se brindaban distintas conferencias sobre temas varios en base a experiencias producidas en escuelas superiores.
Los traslados a lomo de caballo o sulky, cubriendo distancias interesantes atentaron con la continuidad de esta última práctica, pero en cambio se potenciaron las fiestas de verano.
Primero fueron en Irene y luego se dividieron en proximidades de Cascallares y en El Perdido.
Esos encuentros constituyeron el inicio de un proyecto que desembocaría en la construcción y funcionamiento del Colegio Argentino Danés.
Pero sería recién en 1916 cuando la congregación tomó forma institucional, confirmándose en los primeros cargos a quienes anteriormente se había confiado la búsqueda de un pastor ante los alejamientos de Jensen y luego de Halfred Vimtrup, quien lo reemplazó por un corto período.
La colectividad careció de pastor por bastante tiempo hasta que ocupó el cargo el teólogo Soren Sunesen, en 1916, aunque no había sido ordenado al momento de comenzar a dictar misas. Su ordenación se produciría en 1917 en la estancia de Pedro Haugaard, en Irene.
Los oficios religiosos
Muchos inmigrantes se consolidaron económicamente, pero en aquellos tiempos la mayoría era pobre.
Las misas se hacían en los galpones y casas. Muchas veces el altar era una máquina de coser tapada con un mantel recordó en su momento la señora Karen Moller, esposa del pastor Sunesen.
En general las casas de campo tenían un corredor y cuando se tenía dinero lo cerraban para oficiar allí las misas.
Era muy común que los daneses se iniciaran como medieros en los campos pero evolucionaron rápidamente transformándose en propietarios. Generalmente se ocupaba mano de obra también dinamarquesa, aunque hubo excepciones.
No había automóviles pero la comunidad tuvo una férrea participación en los encuentros, excepto en casos de fuerza mayor.
Las misas se prolongaban en refrigerios que luego se prolongaban bastante y en muchos casos se contaba con pianos para la interpretación.
Algunos hitos trascendentes
Tras la organización institucional, rápidamente se aprobó avanzar en el proyecto de una escuela para instrucción de la juventud danesa, disponiéndose la compra de 100 hectáreas al señor Juan Hurtado y tiempo después se designa al señor Johannes Vilhumsen como director del establecimiento.
En agosto de 1918 se dispone la construcción del edificio y de la casa para el pastor y su familia, a cargo de un profesional danés.
En marzo de 1919 se produce la inauguración y en setiembre de 1923 se realizan los primeros “8 días”. Era una realización al estilo de los colegios superiores de Dinamarca. Duraba una semana durante las vacaciones de verano y se desarrollaban actividades diversas, deportivas y fundamentalmente conferencias de temas de interés religioso y general.
A todo este listado deben agregarse en rápido sobrevuelo la instalación de un cementerio con su respectiva capilla; el Centro Danés, la Asociación Mutual , la iglesia correspondiente, y el Hogar El Atardecer, en este último caso de manera conjunta con la colectividad holandesa.
Sin entrar en detalles, la próspera historia de la Sociedad Protestante del Sud comenzó a tener una declinación que desencadenó el deterioro primero y luego la desaparición del emblemático establecimiento educativo de la zona de Cascallares.
De la misma manera han ido desapareciendo los clubes regionales otrora organizadores de fiestas importantes y competiciones deportivas muy interesantes.
Sería extenso entrar en detalles de la rica historia de la Sociedad, de la colectividad, de sus protagonistas e instituciones, pero no cabe duda que el aporte al desarrollo de esta zona ha sido y es de una trascendencia que no merecen otra cosa que el agradecimiento de nuestra sociedad.
*Escribe Omar Eduardo Alonso