Opinión: ¿Cuál va a ser el límite de la inseguridad en Tres Arroyos?
Quién le va a poner el cascabel al gato. La tranquilidad se nos escurre como el agua entre los dedos.

No es momento de echar culpas ni buscar los por qué inútilmente. Es el momento de actuar, de dejar de pensar en la puerta giratoria de las comisarías, la liviandad de los actos judiciales y la pandemia de presos sueltos con más derechos que un trabajador que pone en riesgo hasta su vida para llevar un plato de comida a la casa. O de un pequeño o mediano empresario que no sabe hasta cuándo va a tener su persiana levantada.
Se han juntado muchas cosas y los que tienen tiempo para pensar en cómo hacer un acto delictivo, van siempre un paso delante de los buenos policías, los buenos fiscales, los buenos jueces.
El delito nos está ganando en la picada, pero queda mucha pista todavía por delante para poder intentar mejorar la posición en la carrera final.
Los últimos días fueron agobiantes de delito. En la ciudad y en el campo y la violencia le dio la gota que faltaba al vaso para que se derrame el agua.
Una mujer grande desfigurada a golpes para robarle una mísera cadenita que no hay dudas que alguien la va a comprar por dos pesos.
Pusieron en riesgo su integridad y le atemorizan el resto de su vida. No va a acostarse a dormir nunca más con la tranquilidad que lo hacía. Y para colmo de males no es la primera vez que le pasa.
El campo también está protegido a medias, con el mayor esfuerzo y voluntad del CPR sin gente y sin logística.
Y la delincuencia actúa con los caminos libres. Y va a ocurrir algún día algo más trágico: va a haber muertes. De un lado o de otro. Porque los ciudadanos tratamos de prevenir de la manera que mejor lo entendemos cada uno. Rejas, puertas y cerraduras de seguridad, cadenas y candados, alarmas, iluminación hasta excesiva y una escopeta atrás de la puerta.
Vamos a hacer una macana un día de estos.
La ciudad fue aterrada esta semana. Una fábrica de pastas, una confitería, una casa de repuestos y dos viviendas particulares. En una de ellas hasta las puertas se robaron. Una obra en construcción hace 4 días y dos semanas atrás vaciaron otra, alzándose con el mármol de una mesada, decenas de metros cuadrados de piso y las herramientas del albañil.
Cuántos patrulleros tiene Tres Arroyos, pocos. Que posibilidades inmediatas hay de reequipamiento, prácticamente nulas. Ni la Municipalidad ni la Provincia tienen plata para comprar 3, 4 o cinco vehículos equipados para la policía. Hay que hablar al menos de 10 millones de pesos y hoy la inversión del Gobierno está destinada a cuidar la vida de nuestros convecinos por una pandemia inesperada.
Cuántos policías hay en Tres Arroyos, muchos. 150, 170, o 200 si sumamos todas las dependencias. Cuántas dependencias hay, un montón.
Departamental, Jefatura Comunal, Comisaría Primera, Puntos fijos y traslado de detenidos, Comisaría de la Mujer, Escuadrón de Caballería, Policía de Seguridad vial, Sub DDI, Drogas Peligrosas, Departamento de Científica, Reentrenamiento, CPR y no sabemos si no queda alguna otra. Y a ello tenemos que sumar aunque con bastante precariedad, los puestos de vigilancia de las localidades y parajes y la comisaría segunda de Claromecó. Las dependencias formales de Cascallares, Copetonas, Reta, Orense, San Francisco de Belloq.
Hay buenos policías en Tres Arroyos. Hombres y mujeres con mucha vocación, que van mucho más lejos de tener un trabajo para cobrar un sueldo. Porque hacen horas extraordinarias de trabajo para juntar un mango mas, en los bancos y en dependencias oficiales y privadas donde se necesita reforzar la seguridad. Por estos tiempos no hay eventos deportivos, que también les permitían un peso más todos los meses.
Hay policías comprometidos, que se preocupan si un patrullero no anda bien y hasta le echan mano si la cosa es sencilla para no quedar a pie.
Los vehículos no están en condiciones de una persecución veloz y hasta no encienden en muchos casos todas las luces reglamentarias para circular y los neumáticos están pelados.
No hay aporte provincial, el Municipio está comprometido, pero más no puede hacer, aporta algo de seguridad con las patrullas urbanas, y paga, paga y paga. El gasto de combustible tal vez no es tan elevado porque hay pocos patrulleros, pero la Policía no solo se alimenta de movilidad. Hay otras cuestiones logísticas que no están presentes.
Y no hay a quien echarle las culpas. Tal vez falta que haya un director técnico que “toque pito” y junte toda la tropa y el partido lo juguemos entre todos. Con organización, compromiso, imaginación y hasta audacia para hacerle frente al delito.
Un delito que no es solamente la locura del robo, porque está probado que no roban para comer porque tienen hambre. Quieren plata, porque han ingresado a comercios donde hay mucha comida y de primera calidad, pero prefirieron el cambio de la caja.
Todos deberíamos asumir el compromiso. Desde las autoridades que ordenan a los ciudadanos en nuestro distrito (ejecutivo, legislativo y judicial) y los ciudadanos de buena voluntad que deseamos que las cosas estén mejor. Los medios de comunicación estamos comprometidos y la difusión de los hechos de la delincuencia tiene que servir para estar un poco mejor.
Falta el pito y que alguien lo sople. Estamos seguros que la concurrencia de la forma que sea, va a ser interesante para aportar ideas y también recursos.
El estado es el responsable, pero hoy por hoy, no puede. Lo que tuvimos en los últimos años de gobierno en la Provincia de Buenos Aires fue muy teórico y moderno. Llamábamos simpáticamente a los gobernantes de primera línea por el nombre de pila, como si todos fuéramos amigos, pero no sirvió para nada. Y empleaban la palabra “equipo” casi de manera soberbia y todo quedó a medio hacer y lo que estaba hecho, lo rompieron.
No es demasiado prudente siempre mirar atrás buscando la culpa en el otro, o el que estaba antes. El problema es hoy, heredado o no heredado. Y no es joda lo que nos está pasando en Tres Arroyos. Hemos puesto de manifiesto altísima responsabilidad en cuidarnos por la pandemia y el delito nos sobrepasa. El árbol nos tapó el bosque, pero sabemos que hay ánimo, deseo, ímpetu, y actitud para reaccionar a tiempo. Pues entonces, hagámoslo.